El entrenamiento de hoy fue diferente: fui a correr los 10K de la Copa San Simón. Sabía que la ruta prometía, ¡y vaya que cumplió! Fue un trayecto sumamente técnico, lleno de subidas exigentes que lo hacían sentir como una auténtica montaña rusa. Sin embargo, lo que pudo ser un recorrido rudo se convirtió en una de las carreras más divertidas en las que he estado.
La clave estuvo en los puntos de animación. El más icónico, justo antes de empezar una bajada sabrosa para meterle velocidad, recreaba la esencia caraqueña con recolectores de autobús gritando: ¡La Guaira, la playa, vámonos! Eso, sumado a la gente disfrazada de cambures y perros calientes, te sacaba una sonrisa justo cuando las piernas más pesaban, ayudando a liberar la tensión de las cuestas y a mantener la mente relajada.
Como no iba a competir formalmente, me lo tomé como un entrenamiento suave. Junto a un compañero, nos dedicamos exclusivamente a disfrutar del camino y del ritmo tranquilo. Al cruzar la meta, llegó el esperado post-carrera con el equipo. Aprovechamos para compartir, reírnos y tomarnos fotos en la icónica fuente del Parque Los Caobos; un rincón hermoso donde nunca me había retratado.
¡Una mañana redonda de running, risas y buena energía!