Este fin de semana sumé kilómetros con el corazón, porque el objetivo principal de mis entrenamientos fue ayudar. Nos activamos tanto el sábado como el domingo para solidarizarnos con la gente de La Guaira tras el terremoto de junio. La dinámica me pareció genial: para correr solo teníamos que entregar un insumo, y los organizadores se encargarán de llevar todas esas donaciones directamente a quienes lo necesitan.
Fueron dos rutas cortas que jamás había hecho y la verdad es que me encantaron. El sábado por la noche completé los primeros 5 km en la UCV, que es mi casa de estudios. Me encanta mi universidad y me parecía insólito que nunca antes hubiese corrido allí. Disfruté muchísimo el recorrido y lo hice súper tranquila, sabiendo que el domingo temprano venía el plato fuerte.
Hoy le sumamos otros 5 km en La Fragua. Le tocó un poquito de montaña y, aunque el trayecto estuvo bastante plano en casi todo su recorrido, no estoy muy acostumbrada a ese tipo de suelo. ¡La diferencia entre el asfalto y la montaña siempre se siente bastante! Pero encarar ese reto era justo parte del plan.
Al final me voy muy feliz. No solo por conocer rutas distintas o acumular 10 km en las piernas, sino por la satisfacción de saber que cada paso sirvió para aportar un granito de arena. ¡Correr con propósito siempre se siente increíble!