Participar por primera vez en un chequeo de 5K organizado por otro equipo deportivo fue una experiencia tan retadora como enriquecedora. Desde el momento de la salida supe que no sería un entrenamiento más: estaba midiéndome con corredoras más jóvenes, de otros equipos, con ritmos distintos y estilos de carrera que me sacaron de mi zona de confort. Cada kilómetro fue una prueba de enfoque, estrategia y confianza en el trabajo que vengo realizando junto a mi entrenador principalmente en la pista de atletismo
Correr en ese contexto me obligó a escuchar mi cuerpo, a tomar decisiones rápidas y a sostener el esfuerzo incluso cuando las piernas empezaban a reclamar. Cruzar la meta en el tercer lugar absoluto femenino fue una sorpresa gratificante y, al mismo tiempo, una confirmación. Más aún al saber que finalicé en la posición número 26 de casi 60 participantes, en una competencia exigente y muy bien organizada.
Más allá del resultado, este chequeo tuvo un valor especial: se convirtió en una herramienta clave para el análisis. La data, las sensaciones y el desempeño en carrera permitirán a mi coach visualizar con mayor profundidad los ajustes necesarios en mi entrenamiento. Sin duda, esta experiencia marca un punto importante en la planificación de mi preparación para la temporada de Trail 2026, reafirmando que cada reto suma y cada competencia deja un aprendizaje valioso.
La felicidad no necesita filtro