Hoy corrimos con propósito.
Acompañamos a tres de nuestras corredoras a la carrera organizada por Tecnofarma a beneficio de la Fundación de Juan Pablo Dos Santos, un joven que a los 19 años perdió sus piernas y que hoy corre con prótesis. A raíz del terremoto, a través de su fundación ha estado ayudando a personas que tuvieron que ser amputadas como consecuencia de este evento.
Y como a nosotros nos tocaba nuestro domingo de fondo, aprovechamos las calles cerradas para hacer nuestros 10K.
En mi caso, mi entrenador me había planteado este 10K como una medición: quería ver cuánto podía dar. Si soy sincera, al principio salí un poco lenta… no tenía demasiadas ganas. Pero el cuerpo es una cosa seria: apenas mis piernas empezaron a sentir el calor del asfalto, después del primer kilómetro todo cambió. El cuerpo cedió, fluyó y empecé a disfrutar.
La ruta estuvo bastante entretenida, con tres cuestas interesantes. Una de ellas, correr toda la avenida Bolívar hacia el Palacio de Justicia, me hizo recordar los primeros kilómetros del Maratón CAF. Después vino la bajada y ahí sí… ¡le dimos durísimo!
También pasamos dos veces por el elevado de los estadios y cerramos con esa subida por Plaza Venezuela que corresponde al último kilómetro del Maratón CAF. Me gustó muchísimo cómo me sentí subiendo y, ya en el remate, apreté de verdad.
El reloj llegó a marcar un ritmo de 4:20/km y, más importante que el número, fue sentirme cómoda corriendo a ese ritmo. Eso me dejó muy contenta.
Esta vez corrí con Samuel, un chico nuevo en el equipo, que me acompañó con muy buena resistencia y me llevó el ritmo prácticamente hasta el kilómetro 9. Después se quedó un poquito atrás y terminó aproximadamente un minuto después. ¡Nada mal para compartir nuestros primeros 10K juntos!
Y así cerramos el domingo: corriendo, compartiendo con el equipo, después comiendo juntos y terminando el día viendo películas.
Porque correr también es esto: retarnos, acompañarnos, disfrutar y, cuando podemos, hacerlo con propósito.