El sábado tocó hacer cuestas de 1.200 m como parte de la preparación para Caracas Rock. No son sencillas. A mitad de cada una aparece esa vocecita que dice: “¿para qué estoy haciendo esto?” 😅 Pero recuerdo mi objetivo, saco fuerzas de donde las tenga —del alma, del corazón— y sigo.
Cuatro repeticiones, a un ritmo sostenido, en una cuesta con una altimetría exigente. Y lo mejor: comenzamos temprano, simulando esos primeros 3K de Caracas Rock, que serán completamente en subida.
El domingo tocó bajar las revoluciones: 10K manteniendo mi Zona 2. Y aquí está la noticia que me tiene orgullosa: después de un mes trabajando esta zona, poco a poco estoy corriendo más rápido sin salir de ella. La semana pasada promedié 6:30/km y esta semana 6:24/km, con algunos segmentos a 5:45/km.
Pero no me volví loca. 😅 Respiré, mantuve la calma y seguí el plan.
Porque también estoy aprendiendo esto: la resistencia se construye con esfuerzo, pero los objetivos se alcanzan con constancia y calma.
Mi entrenador está muy contento por los resultados, hemos trabajado juntos esto y ver cómo se materializa paso a paso nos llena de orgullo.
Y sí… estoy orgullosa de cómo voy.