«La vida no es aceptable a no ser que el cuerpo y el espíritu vivan en buena armonía, si no hay un equilibrio natural entre ellos y si no experimentan un respeto natural el uno por el otro».
— D. H. Lawrence
ONCEAVA PARTE
ESPERANZA
— ¡Tú! ¡¿Qué le has hecho?! —Exclamó Helena encendida en ira contra Ariel. El nephilim tomó una actitud defensiva y la miró fijamente intentando repeler su mirada.
— ¡Helena, tranquila! —Manifestó Cesar, intentado erguirse para disminuir su penoso aspecto. —Él no me ha hecho nada, al contrario, me salvó la vida.
— ¡Oh Cesar, todos pensamos que habías muerto! —Dijo Helena acercándosele aliviada. —Dime, ¿qué te pasó?
Cesar esbozó un suspiro antes de contestar. Ariel estaba a unos pasos atrás mientras yo me sentía aislado sosteniendo el cuerpo de mi hija.
—Es una historia muy larga querida prima, te la contaré en otro momento cuando me sienta más dispuesto. Primero cuéntame, ¿quién es ese hombre? —Se refería a mí señalándome con la mirada. — ¿Y quién es esa niña que sostiene en sus brazos?
— ¡Oh cierto, casi lo olvido! —espetó Helena exaltada—. Erasmus, trae el cuerpo de Amanda hacia acá, voy a darle mi bendición para ver si la acepta. Espero que funcione…
Me dirigí inmediatamente hacia ella con mi hija en brazos y se la di. Helena sacó una pequeña navaja de su pantalón de tela negra y pinchó la palma de su mano izquierda provocándose una gran herida. La sangre comenzó a emanar de esta y vertió varias gotas dentro de la boca de Amanda. Me quedé estupefacto observando: «Así que fue de esta manera en como Helena me convirtió» pensé. Miré a mi hija en todo momento para atisbar alguna reacción de efecto esperado.
—Hay que darle tiempo mi amor. —Aseveró Helena tapándose la herida con la otra mano. —Aunque ha pasado muchas horas muerta, espero mi bendición la traiga de vuelta; y ten en cuenta Erasmus, —percibí un tono de seriedad—, que lo más probable es que ella no recuerde quien eres, así que en todo momento debes ser sereno y comprensible.
Sus palabras me causaron algo de terror; que mi hija no recuerde quien soy sería un golpe duro, pero luego analicé mi situación y todo lo que tuve que pasar y asimilé su advertencia. Después de que Helena me presentara con Cesar, su primo, me aislé por un momento dejando el cuerpo de mi hija en el suelo, aferrado a mis esperanzas. El nephilim se acercó a mí y con palabras de desacuerdo comenzó a hablarme.
—Esto es, a mí parecer, un destino muy cruel para un niño. Si ella despierta, se convertirá en un engendro del mal, el cual solo podrá encontrar el sustento sorbiendo la vitalidad de los vivos. No sabes la magnitud de la condena que le has introducido a tu hija solo porque quieres volver a verla viva. Dime, ¿convertirte en vampiro ha acabado por completo toda tu humanidad?
Le devolví la mirada a Ariel, con una mezcolanza entre ira y arrepentimiento, pero este primer sentimiento pudo más que el segundo y fue cuando entonces me levanté y lo enfrenté.
—Y dime tú, ¿acaso eres padre? Si tu vida se borrara en un chasquido y no pudieras recordar por un tiempo el rostro de tus hijos, pero luego recobras la memoria y buscas la manera de volver a abrazarlos, dime ¿no lo harías?
Hubo profundo silencio de parte del nephilim.
—No puedes responderme, porque ya me di cuenta que no tienes hijos. No sabes lo tortuosos que han sido estos días para mí, tener que recordar fragmentos de mi vida paulatinamente para al final darme cuenta que las cosas no eran como lo esperaba. No sabes cuánto quisiera devolver el tiempo, detener mi muerte y estar junto a mí hija en todo momento.
—Los vampiros piensan que pueden modificar las cosas a su antojo. —refutó Ariel con voz profunda y seria—. Si a tú hija le había llegado su hora, ¿quién eres tú para cambiar lo que ya se había escrito? Esta criatura inocente jamás conocerá la paz si muere nuevamente, solo estará frente a un vacío; una eterna desolación.
—No lo hará, porque estaré con ella en todo momento. —rectifiqué—. Y antes de volver a perderla me iré con ella, convirtiéndome en su amuleto de protección.
—Tus palabras son hermosas y rezan el verdadero amor que existe entre un padre por su hija, pero, ¿crees que ella te dejará morir con facilidad aunque lo hagas por una buena causa?
— ¿A quién te refieres? —Pregunté extrañado.
— ¡Erasmus, ven, —gritó Helena con agudeza, su tono indicaba que era muy importante—, hay algo que debemos discutir aquí!
CONTINUARÁ...
Escrito por
@universoperdido. 02 de Marzo del 2021
La foto de portada es de mi propiedad, tomada con un celular moto e4 y editada con PhotoScape y Snapseed.
Publicaciones anteriores de la serie Amatista
¿Eres escritor? ¿No encuentras un lugar adecuado para colocar tus trabajos literarios? Unete a Literatos, una comunidad en Hive donde puedes publicar tus cuentos, poemas, ensayos literarios y novelas inéditos de tu propia autoría.