«Madurar es perder algunas ilusiones para empezar a tener otras».
— Virginia Woolf
QUINTA PARTE
FAMILIA
Al escuchar el aviso de aquel lacayo, Helena y yo nos dispusimos a dirigirnos hacia el Gran Salón donde habíamos entrado por primera vez. El sujeto se hizo a un lado para darnos el paso haciéndonos una reverencia formal. Helena se sujetó de mi brazo derecho, reposando su cabeza sonriente sobre mi hombro, dejando deslizar la cascada de cabellos rojos que fastuosamente me embelesaban con su fragancia. Una vez frente a la puerta, se abrió ante nuestros ojos, y fue allí que nos encontramos a la familia Sovedosa mirándonos fijamente.
Allí estaban el padre de Helena, Tristán, junto con sus otras dos hijas, Isabel y Carlota, y junto a estos había otros tres hombres y dos niños, que según mi esposa, susurrándome al oído, me reveló que ellos eran sus primos. Uno de los hombres de apariencia joven igual a la de Tristán, llevaba una armadura engarzada con joyas azabaches y circones dorados, haciendo alusión a los colores de la casa. Se acercó dos pasos hacia nosotros y vociferó algunas palabras.
—Querida Helena, es lamentable que no tengas un sentido de preocupación como el nuestro, al traer un nuevo miembro a nuestra familia, pero ya que lo has convertido debemos evaluarlo según nuestras leyes.
El individuo se llamaba Juan de Sovedosa, la segunda cabeza de esta poderosa casa vampírica. Su egocentrismo era más filoso que el filo de su espada, y su mirada tan penetrante como la incisión de sus palabras. Comandaba la rama de guerreros de los Sovedosa contra los nephilims o cualquier otro enemigo importante, puesto que su palabra y dirigencia eran tan imponentes que hasta los miembros de otras casas le rendían respeto.
Helena hizo una mueca como disgustada y a la vez asimilando las palabras de Juan, y luego se encogió de hombros agitando sus rizados cabellos con una mano, como osada de no tomarle importancia a lo que su primo dijo. Luego otro de sus primos dio también dos pasos hacia el frente, colocándose junto a Juan.
—Es una falta grave, así es, —dijo el individuo—, pero no podemos impedir el capricho de una importante miembro de nuestra casa, aún en tiempos conflictivos.
El sujeto se llamaba Alexander de Sovedosa, uno de los más cultos conocedores de la historia de su casa y la de los vampiros en general. Portaba una túnica de seda con los colores típicos de su casa. Llevaba una barba larga y gris haciéndolo ver mucho mayor, aunque al vislumbrar su rostro se notaba la juventud bien marcada en sus perfectas facciones. Era un hombre tranquilo, de expresiones suaves, había sido instruido por los Villiers aprendiendo secretos enigmáticos del mundo. Su talento era el conocimiento por lo que emprendió elevarlo con dedicación, hasta convertirse en uno de los siete sabios de todas las casas vampíricas.
Helena sonrió esta vez, como esgrimiendo una victoria, parecía que me encontraba en pleno juicio, en el que se decidiría mi destino si sería aceptado por los Sovedosa o no. Empecé a sentirme nervioso, cuando comencé a entender el contexto de la situación. Helena notó mis inquietudes y se apoyó en mí otorgándome aún más calma, por lo que pude sentirme más tranquilo.
Subsiguientemente uno de los niños también dio dos pasos hacia el frente dando su opinión. Parecía sorprendente su apariencia ya que exhibía madurez.
—Ciertamente, pero, ¿no deberíamos ser más cuidadosos?, somos la casa regente de todas las demás casas aristocráticas, no podemos incluir a cualquier miembro en estos tiempos tan crueles, cualquier desliz por tan insignificante que pareciera podría ser nuestra perdición.
El niño no parecía tener más de diez años de edad, o quizás menos. Llevaba el cabello oscuro y corto hasta las orejas. Usaba una ropa fina y holgada, parecida a la de un monaguillo de iglesia. Ostentaba un rostro severo y pálido, por un momento se me pasó por la cabeza de que fuera hijo de Carlota, ya que sus personalidades y expresiones eran similares. Su nombre era Renzo de Sovedosa, quién fue proclamado el segundo en la línea del trono si por alguna razón Tristán desapareciera, ya que era reconocido por su antigüedad y su poder.
Mi esposa comenzó a emitir aires de preocupación esta vez, porque sabía que las palabras de Renzo eran tan importantes como las de su padre. El sosiego que me transmitía comenzó a agitarse, por lo que fui yo esta vez quien intentó disipar sus inquietudes. Ella era mi pilar y si se me derrumbaba, me encontraría en una posición expuesta bastante indeseable.
—No debemos ser tampoco tan duros con ellos Renzo, convertir a un humano y volverlo miembro de nuestra familia es algo bastante común ya, ¿o has olvidado el origen de tu madre?, que por cierto, ¿dónde está?
Quien había hablado era la niña que estaba junto a Renzo y se puso al frente para dar su opinión. Su aspecto se veía mucho más joven que el de Renzo, como de siete años más o menos. Sus palabras francas hicieron estremecer al niño de rabia, lo cual se pudo notar con su mirada dura y penetrante.
La niña sonrió, mirándonos con picardía y dulzura. Llevaba los cabellos rizados y recogidos por flores púrpuras que hacían juego con el brillo lívido de sus ojos. Helena le devolvió la sonrisa con un ademán de agradecimiento y apoyándose aún más en mi cuerpo. La vampiresa de apariencia infantil se llamaba Berenice de Sovedosa, y según Helena su autoridad era tan imponente como la de Renzo. Parecían tener una relación de poder extraña, como de dos hermanos que compiten con miras ascendentes, llevándose constantemente la contraria entre sí. Lo que me parecía bastante interesante, y la verdad, no sabía con exactitud, era que si ambos ambicionaban el trono por igual o si eran de la misma antigüedad.
Todavía hubo una persona por dar su opinión, otro de los primos de Helena quien estaba parado al fondo de manera desapercibida. Este se veía mucho mayor, más que el resto de los presentes. Renzo dirigió su mirada hacia él con impaciencia soltándole algunas palabras.
—Claudio, ¿acaso no piensas decir nada? —Todos dirigieron sus miradas al unísono al individuo. En ese instante el hombre alzó la vista de repente, y nos miró fijamente a Helena y a mí. No emitió palabra alguna, solo hizo un ademán extraño con su mano derecha, que según mi observación, deduje que fue un movimiento de aprobación.
El resto de los Sovedosa se quedaron inertes y volvieron a observarnos, no sabía con exactitud si los resultados nos favorecían, aunque faltaba la conclusión de Tristán, que era la más importante.
—Erasmus, como has podido apreciar, nosotros los miembros de la casa de Sovedosa tomamos este tipo de decisiones democráticamente; intentando dejar aún lado las discrepancias entre nosotros y encontrando una solución a la brevedad posible. —Se levanta de su trono y comienza descender por las escaleras hacia nosotros—. Helena es la más sentimental de mis hijas. Su filiación por el romance la ha convertido en una persona bastante asertiva, además de inteligente y sagaz. Sé que ella no le entregaría su corazón a cualquiera.
»Por lo tanto, dicho esto, he decidido darles a ambos mi Bonum Absolutum, y consagrarlos como marido y mujer por el resto de la eternidad. ¡Felicidades Erasmus! —Me toma de las manos con suavidad— ¡A partir de este momento eres un Sovedosa!
CONTINUARÁ...
Escrito por
@universoperdido. 22 de Febrero del 2021
La foto de portada es de mi propiedad, tomada con un celular moto e4 y editada con PhotoScape y Snapseed.
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