«Las melodías conocidas dulces son, pero las desconocidas aún son más dulces.».
— John Keats
SEXTA PARTE
RAMAS
Después de la reunión, Helena y yo salimos del Gran Salón y nos sentamos en un elegante poyo de marfil a solo unos metros del gran pasillo de la sala. Ella tomó mis manos con gran alegría, sintiendo mucha dicha por el resultado tan favorable que habíamos obtenido. Yo en realidad no sabía cómo sentirme, tenía mucha confusión en mi cabeza; especialmente sobre mi origen.
Vislumbramos hacia el fondo justo cuando la familia de Helena salía del Gran Salón, los primeros en salir fueron los niños; Renzo y Berenice, quienes parecían discutir fuertemente pero en tono susurrante. Detrás de ellos venían las hermanas de mi esposa; Carlota e Isabel, y esta última estaba sonriente mientras que la otra mantenía su expresión rígida en todo momento.
Los observé a cada uno con mucha curiosidad, parecía que la decisión tomada no fue del todo satisfactoria para ellos. Luego de unos minutos aparecieron Juan, Alexander, Tristán y Claudio, quienes conversaban íntimamente, con excepción de este último que se mantuvo distante, y subsiguientemente se alejó de la charla pasándonos por un lado sin siquiera vernos.
Me parecía extraña e intrigante la actitud de Claudio, y más porque ostentaba una expresión de seriedad.
—Tu primo Claudio es bastante singular, ¿no? —Le manifesté a Helena sin poder contenerme.
—No le prestes mucha atención mi amor, —me aseveró ella en tono despreocupante—, últimamente ha sufrido bastante. Ahora está lleno de odio y no sabe cómo manifestarlo sino a través del silencio y la indiferencia.
— ¿Por qué? ¿Qué le paso?
—Su esposa, mi prima Catalina, fue asesinada por los nephilims en una de sus revueltas contra nosotros. Ella estaba en el lugar y el momento incorrectos cuando esos despreciables seres decidieron quebrantar el pacto. Puedo asegurarte que no hubo un amor tan grande como el de ellos dos, ahora Claudio está lleno de odio y venganza, ha pedido a mi padre varias veces apoyo para atacar a los nephilims de manera fulminante en su territorio pero no lo ha conseguido, hay muchas cosas que cavilar para tomar una decisión tan importante.
En ese momento me vinieron varias preguntas a la cabeza, algunas las olvidé, quedando solo una latente.
— ¿Catalina también fue humana como yo, verdad?
—Así es. —Contestó Helena agachando la cabeza—. Desde hace dos siglos estuvo con nosotros hasta su fallecimiento. Claudio la conoció en uno de sus viajes a Barcelona y le pasó lo mismo que a mí contigo, se enamoraron y ella se entregó a él convirtiéndola en vampiro.
— ¿Quiere decir que todos ustedes también fueron humanos una vez?
—De hecho no. Nosotros que somos la caza más antigua nos remontamos desde la época en que se originó todo. Verás, querido Erasmus, la casa de Sovedosa es la fusión de las dos primeras casas aristocráticas del mundo vampírico; de origen rumano por cierto. La primera era la casa de Corvinus, dirigida por el príncipe Alucard Corvinus, el primer vampiro registrado en nuestra historia, quien se unió en matrimonio con Regina Báthory, la primera vampiresa. Ambos crearon la raza vampírica esparciendo en sus territorios toda clase de sirvientes y vasallos, entre ellos era mi padre quien fue elegido el más apto para expandir la genealogía.
— ¿Y qué hay de tus dos primos con apariencia de niños? ¿Por qué no fueron elegidos para ser los dirigentes? —Helena sonríe y hace un ademán de burla ante mis dos últimas preguntas.
—Ellos siempre están en constante rivalidad. No pueden dirigir con esa clase de perturbaciones. Podrán actuar como adultos pero su mentalidad es tan inmadura como la de dos pequeños infantes peleando por un juguete. El Rex que debe dirigirnos debe ser alguien sabio, sereno, incólume ante los desafíos y dificultades. No puede dejarse llevar por nimiedades pasionales aún si se encontrase en una situación sumamente comprometedora. Es por eso que mi padre es el indicado, y nuestros ancestros no se equivocaron al escogerlo.
La explicación de Helena comenzó a tener sentido en mi cabeza, aunque aún había cosas por entender, estaba conforme con eso.
—La mayoría de nosotros, incluyéndome, somos vampiros puros, porque fuimos convertidos por el «gen» original que inició todo. Aquellos que fueron convertidos por vampiros de otra rama de la genealogía son considerados «híbridos», como tú mi amor, aunque tu parte humana ya no se encuentre en tu cuerpo.
—Significa que Catalina también fue híbrida, y que al igual que yo, olvidó todo su pasado como humana.
—Así es Erasmus, puede que para ti sea algo extremadamente impactante, pero me pediste que te convirtiera, fue tan real que no podía negarme a tan excitante anhelo.
— ¡Ay Helena! —Exclamé desesperanzado— ¡Cómo quisiera recordar ese momento! El instante en que me enamoré de ti y que te pedí que me dieras esta forma y esta vida. Dime, ¿no habrá una manera de acelerar este proceso y de recobrar mi remembranza cuando era feliz contigo?
Helena se quedó pensativa, mirándome fijamente con sus hermosos ojos brillantes de gema amatista. Tocó mi rostro con suavidad, buscando la manera de compartir mi dolor, y yo en un arrebato de súplica cerré mis ojos y me aferré a ella intentando a que accediera a mi petición.
—Temo que no amor mío, —dijo ella murmurando—, deberás recordar por ti mismo sobre tu pasado. Pero haremos una cosa, nuestra primera acción como marido y mujer, saldremos de esta casa y pasearemos por el mundo exterior. Iremos por los lugares en que nos conocimos y así poco a poco irás recordando sobre tu pasado.
Mi rostro destelló de alegría, y en ese instante, una imagen se manifestó en mi mente como un recuerdo involuntario. Divisé un árbol enorme; bajo un cielo nublado, y frente a él había una niña de cabellos negros y ojos cafés, vestida con una chaqueta azul afelpada con botas de hule para la lluvia. Me miraba sonriente, como alegre por haberla llevado a ese terreno. Correteaba por todas partes, jugando alrededor de aquel árbol mirando al cielo, y al final, dijo unas palabras que retumbaron como eco en mi cabeza.
En ese momento recobré mi conciencia y miré a Helena anonadado. La tomé por los hombros y espeté lo que había visto.
— ¡¿Es cierto?! ¡¿Tengo una hija?!
CONTINUARÁ...
Escrito por
@universoperdido. 23 de Febrero del 2021
La foto de portada es de mi propiedad, tomada con un celular moto e4 y editada con PhotoScape y Snapseed.
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