A veces, cuando necesitamos confiar en alguien, elegimos a la persona equivocada.
Estando en un lugar desconocido, recién llegados de una migración por tierra, cruzando miles de kilómetros, necesitábamos un lugar para vivir de forma permanente. Nuestros ahorros no eran muchos, por lo que cada centavo tenía un valor enorme en nuestro presupuesto.
Lo planificado desde mi país de origen en lo que respecta a hospedajes, estaba por terminarse, así que tocaba buscar ya in situ. Pero nos encontramos con la sorpresa de que en Argentina es necesario tener garantes o contar con recibos de sueldo que acrediten tus ingresos, para lograr un alquiler, y siendo emigrantes de donde sacaríamos tales cosas.
Adicionalmente estaba el tema es que no todo el mundo acepta alquilar a familias con hijos, básicamente por dos razones: la primera de orden político, y tiene que ver con la disposición legal que dice que una familia con niños no puede ser desalojada, a menos que se compruebe una falta grave, y eso se llevará algunos años de proceso judicial que nadie está dispuesto a aguantarse.
La otra, es por la falta de disciplina con la que crían a los chicos en este país, así que niños es sinónimo de destrozo. Y ¿quién va a querer que lo que con esfuerzo hizo o compró, lo destruya un inquilino?
En mi caso, parecía que tenía todo en contra. La única opción que teníamos era conseguir un alquiler con dueño directo, para saltarnos el tema de los garantes y recibos, y apelar a su buena voluntad por el asunto de los hijos, quienes ya estaban relativamente grandes, al no ser bebés bulliciosos o en fase de experimentación.
Empieza el drama
Estábamos en pleno invierno, justo en la época de más frío, esperando encontrar nuestro espacio en la ciudad de La Plata, cuando a través de un grupo de Facebook, consigo una oferta de una chica que me ofrece un departamento amoblado cerca de donde estábamos pernoctando.
Quedamos para vernos y firmar un contrato, y con la intención de ella de ayudarnos inclusive a transportar las pocas pertenencias que teníamos en su carro hasta el espacio que nos estaba alquilando.
Hasta ahí yo pensaba que todo sería bien, normal, como se supone que debería haber sido.
Pero una vez pasada la fecha de salida del espacio donde estábamos, esta chica simplemente desapareció y me bloqueó de todas las redes y hasta en su teléfono.
El día de la mudanza, tuvimos que salir hasta una plaza cercana, con nuestras maletas y nuestros niños, a esperar que la chica apareciera. Ella nos tenía todo el tiempo en ascuas a través de mensajes, pero cuando se iniciaba la noche, dejó de responder.
Mi hijo mayor ya empezaba a tener los labios morados, y como no, si estábamos a 8 grados de temperatura, sentados en una plaza de la que ya las personas se estaban yendo. El pequeño, con sus manitos frías me acariciaba la cara y me decía, mamá tranquila, ya nos vamos a ir para nuestra nueva casa.
Ese fue el detonante de mi llanto, que no cesó hasta varios días después. Cómo era posible que, entre tantas personas en esa ciudad, yo tenía que conseguirme con ¡la peor! ¡Y en esas condiciones!
El padre de mis hijos, me pide que llame al esposo de una conocida, que trabajaba como uber, para que nos lleve a algún hotel y poder pasar la noche con el poco dinero que teníamos, ya que habíamos dado un avance de efectivo para poder mudarnos.
Por cosas de Dios, él llama a su esposa y le comenta, e inmediatamente ella se comunica conmigo y nos invita a pernoctar en su casa, por lo menos ese día, para ayudarnos a calmarnos y poder pensar con cabeza fría que podíamos resolver luego.
Fue así como terminamos durmiendo un par de días con ellos, en un espacio muy reducido, pero lleno de calidez humana, la misma que nos fue esquiva con la chica que nos estafó, pues luego de eso siguió con la oferta de llevarnos a la casa que pudimos constatar a posterior, ni siquiera le pertenecía.
Hicimos la denuncia, y entramos en la estadística judicial de un sistema en el que, a pesar de tener las pruebas y un abultado número de denuncias, esta chica no ha recibido ningún tipo de escarmiento. La misma fiscal que nos recibió en su despacho nos hizo la advertencia: “aquí, probar que hubo una estafa, es muy complicado”
Desde entonces ya han pasado casi 4 años. Nosotros simplemente nos quebramos, y seguimos caminando rotos, tratando de encontrar nuestro nicho en un país al que lamentablemente tuvimos que emigrar no por convicción sino por necesidad. Abriendo caminos a brazadas y puños ante una maldad impuesta.
Seguimos un poco a la deriva, y otra vez abrazando el gélido clima proveniente del polo sur, pero esta vez con mejores abrigos, y los ojos más abiertos. Ahora cada quien, por su lado, yo con mis hijos, un poco más grandes, pero siguen siendo niños que dependen de mis fuerzas y mi empeño.
Lo que no nos mató, nos hizo más fuerte, pero igual yo arrastro el daño moral que esa experiencia me dejó. Ahora desconfío de todos, dejé de llorar, inclusive en aquellas condiciones en las que es propio drenar a través de las lágrimas. Me olvidé de mí, de mi salud y mi bienestar, todo por hacerle un piso físico y psicológico a mis niños.
Mi meta ya no es más lograr un alquiler, quiero y voy a ir por más, aunque actualmente los medios no me ayudan, son muchas las veces que las rodillas ceden y creo derrumbarme, igual sigo caminando.
Jamás quiero que ni ellos ni yo estemos a la deriva en medio del frio polar, así estemos en pleno verano.
Sometimes, when we need to trust someone, we choose the wrong person.
Being in an unknown place, fresh from an overland migration, crossing thousands of miles, we needed a place to live permanently. Our savings were not much, so every penny had a huge value in our budget.
What had been planned from my country of origin in terms of lodging was about to be finished, so we had to look for a place to live in situ. But we were surprised to find out that in Argentina it is necessary to have guarantors or pay stubs to prove your income, and being emigrants where would we get such things.
Another issue is that not everybody accepts to rent to families with children, basically for two reasons: the first one is political, and has to do with the legal disposition that says that a family with children cannot be evicted, unless a serious fault is proven, and that will take some years of judicial process that nobody is willing to put up with.
The other, is because of the lack of discipline with which kids are raised in this country, so kids is synonymous with wreckage. And who's going to want what they've worked hard to build or buy to be destroyed by a tenant?
In my case, it seemed like I had everything stacked against me. The only option we had was to get a lease with a direct owner, to skip the issue of guarantors and receipts, and to appeal to his goodwill for the matter of the children, who were already relatively old, not being boisterous babies or in the experimentation phase.
The drama begins
We were in the middle of winter, just in the coldest season, waiting to find our space in the city of La Plata, when through a Facebook group, I get an offer from a girl who offers me a furnished apartment near where we were staying overnight.
We arranged to meet and sign a contract, and she even intended to help us transport the few belongings we had in her car to the space she was renting us.
Up to that point I thought everything would be fine, normal, as it was supposed to be.
But once the move out date passed, this girl simply disappeared and blocked me from all the networks and even from her phone.
On moving day, we had to go out to a nearby plaza, with our suitcases and our kids, to wait for the girl to show up. She kept us on tenterhooks all the time through messages, but when the night started, she stopped answering.
My eldest son was already starting to have purple lips, and why not if we were at 8 degrees, sitting in a square where people were already leaving. The little one, with his little cold hands caressed my face and said to me, "Mom, calm down, we are going to go to our new home.
That was the trigger for my crying, which did not stop until several days later. How was it possible that, among so many people in that city, I had to find the worst one! And in those conditions!
The father of my children asked me to call the husband of an acquaintance, who worked as an uber, to take us to a hotel so we could spend the night with the little money we had, since we had given a cash advance to be able to move.
As God would have it, he called his wife and told her, and she immediately contacted me and invited us to spend the night at her house, at least for that day, to help us calm down and be able to think with a cool head about what we could solve later.
That is how we ended up sleeping with them for a couple of days, in a very small space, but full of human warmth, the same that was elusive with the girl who scammed us, because after that she continued with the offer to take us to the house that we were able to verify later, it did not even belong to her.
We filed a complaint, and we entered the judicial statistics of a system in which, despite having the evidence and a large number of complaints, this girl has not received any kind of punishment. The same prosecutor who received us in her office warned us: "here, proving that there was a swindle is very complicated".
Since then, almost 4 years have passed. We simply broke, and we continue walking broken, trying to find our niche in a country to which we unfortunately had to emigrate not by conviction but by necessity. Opening roads with our fists and arms in the face of an imposed evil.
We continue a little adrift, and again embracing the icy climate coming from the south pole, but this time with better coats, and more open eyes. Now it was every man for himself, me with my children, a little older, but still children who depended on my strength and my determination.
What didn't kill us, made us stronger, but I still carry the moral damage that this experience left on me. Now I distrust everyone, I stopped crying, even in those conditions in which it is proper to drain through tears. I forgot about myself, my health and my well-being, all to make a physical and psychological floor for my children.
My goal is no longer to achieve a rent, I want and I will go for more, although currently the money do not help me, there are many times that my knees give way and I think I collapse, I still keep walking.
I never want them or me to be adrift in the middle of the polar cold, even in the middle of summer.
Fotografías por/Photografy by: Márluy Escalona, Canva´s cortesy
Edición/Edition by: @mamaemigrante on Canva
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