Buenos días amigos de esta comunidad @Holos-Lotus
Si algo nos acerca en términos afectivos son los detalles. A finales del mes de mayo, cumpliré años, y como una broma recurrente, el año anterior hice una jornada de celebración compartiendo, cada día, un relato de cómo sería la vida allá afuera mientras yo, desde la barriga de mi madre, esperaba mi llegada al mundo.
Aquella idea, surgida casi en juego, quedó grabada en la memoria de mi amigo Osmany Mayo, y ahora, al inicio del mes un año después, la vida me devuelve ese cariño en forma de un regalo inesperado que me habla de la abundancia en el corazón.
Mi amigo Osmany, desde Kentucky, me ha enviado un detalle que va más allá de lo material: un paquete de Café Bustelo y un juego de tazas adornadas con los símbolos de mi isla. Al recibirlo, no pude evitar reflexionar sobre cómo, a veces, la cotidianidad nos impide ver la belleza de lo que nos rodea.
Los colores, los paisajes, los pequeños emblemas de nuestra tierra pasan desapercibidos hasta que alguien, desde la distancia, nos los recuerda con un gesto así. Osmany, con su presente, no solo me regaló café, sino también una mirada renovada hacia lo que llevo dentro.
Él es de esos amigos que llegan sin avisar, como un personaje de los cuentos que tanto le gusta escribir. Apareció un día en mi perfil de Facebook, atraído por mis relatos sobre la vida en el campo y por esa extraña coincidencia que une a los hijos de una misma tierra.
Aunque la geografía lo ha llevado lejos, su corazón sigue anclado en Dumoy, ese rincón de Cuba que revive una y otra vez en sus historias, llenas de anécdotas y personajes entrañables. En sus palabras, hay un amor por los detalles pequeños, por la memoria compartida, y ese mismo amor se traduce en gestos como este.
Hoy, al preparar una taza de ese Café Bustelo, no solo celebro el regalo, sino también la complicidad de una amistad que trasciende distancias. La taza, decorada con los símbolos de mi patria, se convierte en un puente entre aquí y allá, entre el ayer y el hoy.
Y aunque Osmany no esté físicamente para compartirlo conmigo, su presencia se hace tangible en cada sorbo.
Por eso, en su nombre, extiendo la invitación a todos y mi sobrina Lisy estará aquí, representando a todos ustedes, porque los buenos momentos, como el café, se disfrutan mejor cuando se comparten.
Al final, no son solo los objetos lo que importa, sino el afecto que los envuelve. Un paquete de café, unas tazas, un mensaje… todo se convierte en excusa para decir: Aquí estoy, te recuerdo. Y eso es un verdadero lujo.
En el silencio de la rutina, a veces olvidamos que nuestras vidas resuenan en otros. Conservo su frase Siempre alguien está pensando en ti. Es un recordatorio de que, aunque no lo veo somos parte de los hilos invisibles que tejen la memoria y el afecto.
Somos ecos persistentes en la mente de quienes nos han conocido. Quizás la soledad sea solo un espejismo: nunca estamos del todo solos.
Buenos días y los invito a degustar este maravilloso café.
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Gracias por visitar mi blog, soy Critica de arte e Investigadora Social, amante de la cocina. Te invito a conocer más de mi, de mi país y de lo que escribo. Texto e imagenes de mi propiedad