Mis visiones, mis vivencias. Di-vagando por Buenos Aires

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Cada mañana me asomo a la ventana y me maravillo contemplando el pequeño bosque de variadas especies, coníferas, sauces y otros de los que no se nada, en medio vuelan multitud de aves, palomas y pequeños pajaritos, muchos caminan de lo más tranquilos por las aceras, sin levantar el vuelo al paso de los peatones.
No se asustan, ni siquiera cuando pasa alguno de los muchos paseadores de perros, que cada mañana van con 10 o 12 canes hasta la plaza que llaman canil, donde los sueltan para que jueguen y corran.
Me preocupa ver 10 o 20 perros por cada cochecito de bebe. Pero esa es otra historia.
Volviendo a las aves que disfrutan los magníficos árboles, todas sin excepción, pájaros y palomas desaparecen de la escena a las 9, y es que a esa hora entra en escena, sin que hasta ahora lo pueda retratar, un magnífico halcón de plumaje rojizo y cabeza
blanca, que se posa siempre sobre el mismo árbol, observar el panorama en rededor y luego, planeando desaparecer bajo las copas de los árboles, y en ocasiones salen espantadas las palomas.

El pequeño parque contiene otra maravilla, la edificación verde sin ventanas. Un centro de recolección de desechos donde antes del amanecer llegan en fila los camiones recolectores de basura y van desapareciendo en su interior, donde al parecer procesan o compactan lo recogido para posteriormente llevarlo a otro destino.
Es evidente que se trata de una operación de reciclaje, ya que en nuestra residencia, nos pidieron que la basura la separáramos en dos bolsas diferentes, una los desechos orgánicos y la otra empaques y botellas, ya sean de plástico o vidrio, pero sin líquido.

Cuando he pasado frente a la edificación me sorprende, que no se percibe el más mínimo olor de basura, pero claro, antes de las 10 está pasando un camión provisto de rociadores y mangueras con que dos operarios y el chofer van regando y limpiando la calle. Aceras y calzada quedan mojadas que parece que llovió, y es cuando me animo a salir y relacionarme con mi nuevo hábitat.

Como este sector de una de las calles cercanas, donde el sábado en la mañana, acudí con mis hijos a comprar fruta, vegetales y otros productos alimenticios en una feria itinerante, que cada fin de semana trae alimentos frescos y procesados a precios muy convenientes.

Otra buena razón para comprar y usar un teléfono, es la oportunidad de documentar mis paseos por Buenos Aires, que se irán ampliando en la medida que este cuerpo tropicalizado, se adapte al invierno o llegue la lejana primavera.

A falta de fotos les dejo este poema con el que me tropecé en la madrugada.

POEMA DE MARIO BENEDETTI.

Aquí no hay viejos
Solo, nos llegó la tarde:
Una tarde cargada de experiencia
Experiencia para dar consejos.
Aquí no hay viejos
Solo nos llegó la tarde.
Viejo es el mar y se agiganta.
Viejo es el sol y nos calienta.
Vieja es la luna y nos alumbra.
Vieja es la tierra y nos da vida.
Viejo es el amor y nos alienta.
Aquí no hay viejos
Solo nos llegó la tarde.
Somos seres llenos de saber.
Graduados en la escuela.
De la vida y en el tiempo.
Que nos dio el postgrado.
Subimos al árbol de la vida.
Cortamos de sus frutos lo mejor.
Son esos frutos nuestros hijos.
Que cuidamos con paciencia.
Nos revierte esa paciencia con amor.
Fueron niños son hombres serán viejos.
La mañana vendrá y llegará la tarde.
Y ellos también darán consejos.
Aquí no hay viejos
Solo nos llegó la tarde.
Joven: si en tu caminar encuentras.
Seres de andar pausado.
De miradas serenas y cariñosas.
De piel rugosa, de manos temblorosas.
No los ignores ayúdalos.
Protégelos ampáralos.
Bríndales tu mano amiga.
Tu cariño.
Toma en cuenta que un día.
También a ti, te llegará la tarde…
Mario Benedetti

Y si sienten curiosidad, en el siguiente enlace pueden acceder a la visión de mis otros ojos, los que me enderezan la vida, @dulce.crucita/a-walk-around-the-area-a-train-and-a-furry-friend-eng-esp, como ganando indulgencias con escapulario, ni tan ajeno.

Feliz día. Si me leíste y te tomas el tiempo de comentar, te lo agradezco.

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