¿Iniciativa propia o propuesta a participar?
Mientras transcurría el jueves, dedicado a compartir recuerdos en algunas comunidades y en otras se debate las consecuencias que nos traerá la nueva herramienta que se apodera del foco en las pantallas y de allí a influir en la realidad física, en el mundo anglosajón se disponen a celebrar el Día de Acción de Gracias y el Halloween.
En el mundo hispano transculturalizado también habrá quien le dedique su atención a estas festividades.
Mientras mi amigo Marcelo hablaba con su yo del futuro al calor de unos mates, yo me reencuentro a veces con el de mi infancia y otras con uno a medio camino entre el niño y el viejo.
Un ron con ponsigue de la reserva más curtida mientras escuchamos los sones más diversos y la conversación va cambiando de tema sin agenda; de vez en cuando, un llamado a bajar el volumen para no despertar a los vecinos.
Política no, que enciende las pasiones; religión, muy poco, que a nadie se quiere ofender y menos juzgar. Historia puede ser, aunque ya no es lo de antes y con tantas revisiones. Puede suceder que pase lo mismo que con los anteriores.
Nos queda el porvenir, los deportes, la fantasía y la actualidad.
La freidora de aire o el fraile, como me gusta llamarla castellanizando el air fryer. Herramienta de cocina tan popular, aunque no tan novedosa como la IA. Ha resultado tan práctica y conveniente para disfrutar de alimentos perfectamente cocidos con la textura de los fritos, pero sin la presencia del malévolo aceite.
Tengo que experimentar para ver cómo resultan unas tortas fritas en él, pero será más adelante cuando le dé un espacio a la harina de trigo en mi dieta, ya que de momento lo he sustituido por uno de avena y el próximo lunes cumplo con mi esposa un mes sin comer pan.
No es una dieta estricta, pero queremos consolidar nuevos hábitos alimenticios. Otro día les comparto las fotos de nuestras comidas que, salvo la sopa, nos lo servimos en platos de los que llaman de postre.
Esta freidora me encanta por analógica. Al no ser digital, está libre de los posibles peligros del Internet de las cosas. ¿Se imaginan que la IA tome el control y se niegue a cocinar unos chorifritos porque tengo alto el colesterol?
Esta es la torta de avena que viene a pesar un kilo y nos da para acompañar desayuno, almuerzo y cena hasta por cuatro días.
La receta y preparación están en una publicación precedente para quien esté interesado. Por supuesto que el café es sin azúcar.
Volviendo al próximo lunes, ya les voy a aclarar el título de la publicación, 534, pero antes permítanme mencionarles a Anne Carson. Premio Nobel de Literatura que desconocía hasta hace unos momentos, pero que luego de leer un resumen biográfico y algunas líneas relativas a su obra, pienso que el mundo puede haber cambiado mucho en cuanto a lo tecnológico, pero el ser humano ha cambiado muy poco en cuatro mil años, quizás más.
Su obra mezcla poesía, narrativa, ensayo y otros géneros; rompe con las categorías que algunos expertos recomiendan elegir a quien pretenda escribir un bestseller publicable.
Y desde la imagen de esta canadiense premio Nobel que revitaliza a los griegos clásicos en tragedias actuales, me retiro con la que puede ser la nuestra. Hispanohablantes que ya no mencionan a Cristóbal Colón en el quingentésimo trigésimo cuarto aniversario de su llegada a este nuestro continente. Al menos donde habita el mayor número de hablantes del español o castellano.
Un velero de tres palos y dos chimeneas en Puerto Madero y un turista que más se parece a San Cristóbal cierran este cóctel de donde pueden tomar un sorbo para hilvanar una publicación o una iniciativa.
En memoria del navegante y aventurero que otrora se disputaban si genovés o gallego y hoy descabezan y bajan de pedestales indigenistas y otros inquietantes defensores de causas ... No hay traducción.