Falta cada vez menos, siempre los temores nos asaltan, un viaje sobre el mar, ¿qué podría pasar? Deseamos llegar al otro lado, pero que me espera allí. Hay un subíbaja de estados; mi cama, mis flores, mi familia, mi calle, mi trabajo. Ante un panorama de; sin luz, sin agua, sin tranquilidad.
Veo las flores de este lado y son iguales a las de allá, han sido llevadas a muchos lugares, han emigrado y florecido, se han adaptado a la tierra con sus cambios de estaciones, viven y mueren.
Son los pensamientos que vienen y van. Me despido poco a poco dejando abrazos marcados, dejando el suave aroma de lo imposible por lograr. A veces quiero tantas cosas que las tareas se acumulan como los regalos en la maleta. No me quieran tanto que ya no cabe más.
A veces con propósito y a veces sin el, vamos dejando una huella por donde pasamos, hemos aprendido, hemos compartido, he visto la independencia aportada a otros. No será perfecta, pero es la de mis hijos. No harán la limpieza a mi modo, no cocinaran lo que yo les preparaba, han encontrado su propio camino.
Nunca nos despedimos del todo, siempre dejamos un; hasta mañana, Dios te bendiga y que la nariz te crezca, simplemente inventos míos. Frases que riman con una especial protección dejada. Son las oraciones de las madres que hasta en su sueño se mantienen conectadas.
Es esa conexión con el color natural de las cosas. Nos enamoramos de cada recuerdo, de cada café, de cada conversación, de cada cuadro, de cada visita.
Cada logro, cada caminata es un espacio alcanzado. ¿Cómo quisiera muchas de las cosas que veo en España, estuvieran en Venezuela? Luego veo sus propios problemas, que nos mantienen unidos y entendemos porque repetimos los mismos fallos. No son las leyes es la gente que las hace.
Somos incapaces de sonreír hasta con el vecino, apenas un saludo entre dientes. Pero veo buenas semillas que crecen y se pegan fuerte a la tierra. Tengo que dejarlos allí con todo el dolor de mi alma para que sean felices en una tierra vieja de sus ancestros.
Yo sigo aprendiendo y caminando, comienza hacer fresquito y la vacuna de la temporada de gripe tiene fecha en mi calendario. Subir los cuatro pisos pasando mi mano por cada agarre solo tiene una solución lavarse las manos cada vez que llegó. Así como hacía mi padre cada vez que llegaba de trabajar.
Y como siempre nos vemos en el camino.