La gente de mi pueblo lucha contra el polvo que va cubriéndolo todo, posándose sobre cada imposible, haciendo suyo cada espacio.
No importa el agua que lances contra las paredes y los cristales, no importa la lluvia que a veces cae. Tenemos la vista turbia y las manos sucias, el polvo emerge de nuestras bocas, cubre cada palabra que pronunciamos.
La gente sigue lanzando agua en los portales y aceras, ahuyentándolo como a mal demonio que vuelve a apoderarse de sus vidas.
Veo a mi madre lanzarse hacia el aguacero, es su grito desesperado, la veo ganar su pequeña cruzada, deshacerse del polvo, saltar como una niña bajo la lluvia que ha lavado sus años.
Los vecinos la miran como se mira a un animal salvaje, con envidia, miedo, odio. La miran desde sus portales que ahora han vuelto a cubrirse de tierra,
Pero mi madre ignora el polvo que cubre los muebles y las casas, me invita a la batalla,
No sabe que soy hija de mi pueblo y en mis ojos aparece la rabia oculta de toda su gente, el miedo a deshacerme del polvo y de los años.