El horror al final - Mi participación para "Cuéntame una historia"
A pesar de los más de 40 años transcurridos, no me olvido de la última vez que al transitar la autopista Francisco Fajardo en dirección al oeste de Caracas y contemplar las impresionantes torres del Parque Central, no dejaba de pensar en la vivencia de los últimos días en la chara de Antonio.
FuenteTorres gemelas del Parque Central, Caracas
Llevaba tres meses viviendo de hotel en hotel por las distintas ciudades del oriente, hasta que un día conversando con el amigable Don Cesar en su hotel de la carretera, me ofreció que habitara una casa de su propiedad en una chara que poseía en Tres Picos y compartía con su hermano Antonio.
Cuando conocí a Antonio y este resulto tan amigable como su hermano, decidí aceptar la oferta y ocupar la casa de campo mientras decidía donde fijar residencia.
La casa que ocupé se encontraba en el extremo opuesto de la chara y disponía de su propia entrada, pero por un tiempo seguí usando la entrada de Antonio, pues al no tener nevera, a diario pasaba por donde Antonio en busca de hielo y no pocas veces algo de compañía.
Una noche, cuando me disponía a atravesar la chara para tomar un café y algo de conversación, observe que el jardín lo cruzaba una manguera conectada al grifo de la casa y salía por un hueco de la pared que separaba la propiedad de la del vecino. Sorprendido se lo comenté a Antonio de inmediato, quien exclamo "Esta vieja bruja no se cansa de abusar" y tras contarme de las proezas de su envidiosa vecina me acompaño hasta la casa, y con el mayor sigilo comenzamos a halar la manguera poco a poco y cuando finalmente apareció la otra punta, resulto medir más de 100 metros. Nos fuimos en silencio y luego de terminar el café y discutir qué necesidad tenía la "vieja" de robarse el agua cuando las facturas del servicio eran irrisorias, cuando no inexistentes.
A la mañana siguiente, cuando de nuevo tomaba café con Antonio, se presentó la no tan "vieja" saludando con un exceso de zalamería y escusas por el robo del agua, que a fin de cuentas no costaba nada y rogaba con pusilánime sumisión perdón, y sobre todo que le devolvieran la manguera. Antonio se hizo el loco, alegando ignorar de lo que ella le hablaba, pero le prometió averiguar el asunto, al tiempo que la recriminaba su mala acción.
Un par de días después mi vecino me comentaba, que le había devuelto la manguera a la "vieja" cuando regreso rogando, pues estaba a punto de perder la cosecha de naranjas que estaban a punto y regaba con ayuda de la mencionada manguera, que si la conectaba desde su casa no llegaba a los naranjos.
Durante la siguiente semana con el café nos tomamos unos deliciosos jugos de naranjas que cada mañana aparecían en nuestras puertas en un cajón lleno a rebosar de las deliciosas frutas.
Si te preguntas qué tienen que ver las torre con esta historia, ya te lo voy a contar:
Entre la multitud de problemas y carencias que sufre Venezuela, está el agua potable, y es muy posible que en Parque Central alcance dimensiones épicas. Y mientras unos consumidores no pagan un céntimo por el servicio, otros reciben facturas astronómicas, no por el volumen de su consumo, sino por su condición de comerciantes, pecado imperdonable en la bolivariana revolución y en las noticias de esta semana escuche con estupor como las tienda de centros comerciales en la ciudad de Valencia recibían facturas por 1.000 Dólares, que se negaban a cancelar y preferían compra el suministro de cisternas, por lo que como medida de presión les cerraron las salidas de sus aguas servidas.
Cumpliendo de la convocatoria, invito a participar en la iniciativa
@freewritehouse/cuentame-una-historia-5-de-febrero-de-2023
a las amigas @sofiaquino98 y
@sacra97 .