Entrada al Concurso: “El viaje del héroe o de la heroína” | Otro Héroe sin capa

geila(60)
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Literatos
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Les saludo amigos, espero tengan un excelente sábado, hoy vengo por acá a participar en el Concurso que presenta la Comunidad Literatos titulado “El viaje del héroe o de la heroína”, hace un par de días, vi la publicación del llamado a concursar, pero de momento no se me ocurrió nada, hasta el día de ayer que conversaba con mi amiga Rogdelis sobre el viaje de su esposo Bili a Caracas, a continuación la historia de este héroe.

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Otro Héroe sin capa

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Aquella tarde del 25 de junio, el calor era sofocante como siempre en San Juan de los Morros. Rogdelis terminaba de doblar la ropa de sus tres hijas en la mesa del comedor cuando escuchó el portazo, se sobresalto, con lo sucedido el día anterior, sus nervios estaban a flor de piel.

No fue el golpe seco de siempre, sino un ruido apresurado, cargado de una vibración extraña. Al levantar la vista, vio entrar a Bili. Tenía cara de preocupación, con los ojos inusualmente abiertos y fijos, como si acabara de ver un fantasma en la carretera. Sostenía el teléfono celular con fuerza en la mano derecha.

—Rogdelis... el deber me llama. Tengo que irme —dijo de golpe, con la voz entrecortada—. Ante esta tragedia que acaba de ocurrir, La Guaira está en el piso. Los bomberos y Protección Civil ya se están organizando para salir ahora mismo en caravana hacia Caracas, y de ahí bajar a la Guaira. Yo tengo el deber de ir, solo vine por unas cuantas cosas y me voy.

Rogdelis sintió un frío repentino en el estómago, un contraste violento con el clima caluroso. Miró de reojo el pasillo que conducía al cuarto donde sus tres hijas jugaban ajenas al mundo. Quiso pedirle que se quedara, que aquí era su lugar seguro. Pero al ver la determinación en la mirada de Bili, entendió que el hombre con el que compartía su vida era un rescatista de Protección Civil y su deber era auxiliar y rescatar personas. Metieron en su mochila roja y vieja, linternas, ropa fuerte, guantes y un pequeño botiquín. Antes de cruzar la puerta, Bili abrazó a sus tres niñas con una fuerza que parecía una despedida, besó a Rogdelis en la frente y bajo las escaleras rápidamente, abajo lo esperaba el transporte que lo alejaría de la tranquilidad de San Juan.

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A partir de esa noche, la vida de Rogdelis se redujo a la vigilia y a la espera constante del timbre de su celular. San Juan se sentía silencioso al caer el sol, ella rodeada de sus niñas se sentaba en el porche, con la vista fija en los arboles que apenas se movían, ella solo aguardaba el repique del teléfono. Cada noche, la voz de Bili rasgaba la distancia desde la Guaira, donde pernoctaban cuando se podía, o desde las mismas ruinas, le contaba a medias las crónicas que transformaban al esposo cotidiano en un Héroe.
—Rogdelis, esto es impresionante —le dijo el primer día, con la voz ya tocada por el humo y el polvo—. Llegamos a un sector, donde el estacionamiento de un centro comercial colapsó por completo; son toneladas de concreto apiladas como cartas. Los ingenieros dijeron que era una zona de muerte, que nadie debía entrar porque el terreno seguía cediendo con las réplicas. Pero escuchamos unos golpes rítmicos desde el fondo de un tubo de ventilación. Casi nadie quería arriesgarse a meterse en ese embudo, armaron un grupo, yo pensé en ti, en las niñas, en lo bendecidos que somos. Así que me uní al grupo; Me amarré el arnés, y me arrastré junto a los demás boca abajo por un espacio donde apenas cabían nuestros hombros. Piqué piedra durante dos horas en la oscuridad absoluta hasta que la linterna alumbró una cara. Era el vigilante del lugar. Estaba allí atrapado, me agarró la mano, me dijo: "Sabía que vendrían". Lo sacamos vivo, mi amor.

Cada noche Bili le contaba parte de lo que hacia en el día, algunos relatos eran desgarradores, a veces su voz se quebraba, se quedaba en silencio un rato, Rogdelis, le cambiaba el tema y le preguntaba si había comido, le hablaba de las niñas y le decía: — Cuando quieras volver, vuelve mi amor, ya has ayudado a mucha gente—.
No soy un héroe, negra. Solo soy un hombre más, con deseos de ayudar—, respondía él.

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Los días pasaron y una noche escuchó —Amor mañana llegan relevos, regreso a San Juan—. Ella suspiro de alivio. El día que Bili regresó, el sol de la tarde golpeaba con la misma intensidad que el día de su partida; Rogdelis y las tres niñas estaban en el porche. Cuando vieron a Bili aparecer, corrieron hacía él. Caminaba con paso firme, el rostro quemado por el sol y las manos llenas de costras y cicatrices, sus ojos reflejaban alegría, pero a la vez tristeza, como de alguien, quien ha mirado al abismo y ha logrado arrebatarle vidas. Las tres niñas se colgaron a su cuello como si temieran que se volviera a ir. Bili las abrazó a las tres juntas, y luego miró a Rogdelis por encima de sus cabezas. No hicieron falta palabras. En ese cruce de miradas, ella vio al héroe que había regresado de la tierra de lo desconocido; y él vio a la mujer que oraba, para que regresara a casa sano y salvo.

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Eso es todo amigos

Gracias por su visita

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La imagen de portada es mia y la rediseñe en Oreate AI, donde también cree los separadores.

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