Deleitandome con un antojo de último minuto

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Hola, amigos de Foodies Bee Hive, espero que se encuentren muy bien el día de hoy. Hoy quiero compartirles una receta súper práctica que preparé para matar un antojo feroz que me dio justo antes de irme a acostar. Siempre se ha relacionado a las mujeres antojosas únicamente con la etapa del embarazo, como si solo en esos nueve meses fuera válido que a una le apetece comerse algo de la nada. Sin embargo, yo debo considerarme una antojosa empedernida durante toda mi vida, porque cuando me provoca comer algo a cierta hora no me quedo tranquila hasta que finalmente me lo como.


Y eso fue exactamente lo que me pasó la otra noche cuando estaba en la cocina viendo qué inventar. Todo comenzó porque días atrás me habían regalado unos cuatro aguacates y, como suele pasar, se me maduraron todos junticos al mismo tiempo. Para rematar, tenía en la nevera un frasco de mi mayonesa favorita y me acordé de que guardaba en la despensa unas latas de sardinas. Me encantan esas sardinas porque vienen con abre fácil y no hay que andar pasando trabajo con un destapador a medianoche. De golpe me provocó armar un buen guacamole de sardina.

Hi, Foodies Bee Hive friends! I hope you’re all doing great today. Today I want to share a super easy recipe I made to satisfy a fierce craving I had right before going to bed. People have always associated cravings in women solely with pregnancy, as if those nine months were the only time it’s acceptable to suddenly want to eat something out of the blue. However, I’ve always considered myself a chronic craver—it’s been that way my whole life—because when I get the urge to eat something at a certain time, I can’t rest until I finally eat it.

And that’s exactly what happened to me the other night when I was in the kitchen trying to figure out what to whip up. It all started because a few days earlier, someone had given me about four avocados, and, as often happens, they all ripened at the same time. To top it off, I had a jar of my favorite mayonnaise in the fridge, and I remembered I had a few cans of sardines stashed in the pantry. I love those sardines because they come with easy-open tabs, so you don’t have to struggle with a can opener in the middle of the night. All of a sudden, I got the urge to whip up some delicious sardine guacamole.


Para acompañar semejante preparación, lo primero que hice fue ponerme a amasar una buena cantidad de harina P.A.N. para hacer las arepas. Como en mi casa somos cuatro personas y todos comemos bastante bien, no puedo ponerme con el egoísmo de cocinar solo para mí. En mi hogar existe la regla implícita de que si la chef de la casa mata un antojo, absolutamente todos matan el antojo con ella. Así que terminé haciendo unas quince arepas para que rindiera la noche, montando unas a la plancha bien asaditas y tirando otras a la sartén para que quedaran medio fritas.

Mientras las arepas se iban cocinando a fuego lento, me puse manos a la obra con el relleno. Debo confesarles que para comer sardina en lata yo tengo todo un ritual quirúrgico, porque las abro y me dedico a sacarle con muchísima paciencia hasta el huesito más diminuto que traigan. Hay gente a la que no le importa y se las come completas con todo y espina, pero yo no puedo. A mí me gusta hacerle esa operación completa para quedarme únicamente con la pulpa limpia y suave de la sardina, asegurándome de que cada bocado sea de un gusto total.

To go with such a meal, the first thing I did was start kneading a good amount of P.A.N. flour to make the arepas. Since there are four of us at home and we all eat quite a lot, I can’t be selfish and cook just for myself. In my household, there’s an unspoken rule: if the chef of the house satisfies a craving, absolutely everyone satisfies that craving with her. So I ended up making about fifteen arepas to last the night, grilling some until they were nicely charred and frying others in a pan until they were slightly crispy.

While the arepas were cooking over low heat, I got to work on the filling. I must confess that when it comes to eating canned sardines, I have a whole surgical ritual—I open them and painstakingly remove every single tiny bone they contain. Some people don’t mind and eat them whole, bones and all, but I just can’t. I like to perform this thorough “operation” to be left with only the clean, tender flesh of the sardine, making sure every bite is absolutely delicious.


En la última compra del supermercado tuve la suerte de conseguir una bandeja de ajos que ya venían pelados, algo que para mí fue un verdadero hallazgo y una gloria total. Agarré varios dientes de esos ajos y los machaqué muy bien en el mortero porque quería lograr ese toquecito picante y con carácter que solo el ajo fresco puede dar. Además, picué una cebolla bien finita y un buen puñado de cilantro fresco, buscando que todos los aliños quedaran troceados en pedacitos pequeños para que se integraran perfectamente en toda la mezcla.

Llegó el momento de unir toda la magia en un mismo envase. Saqué la pulpa de los cuatro aguacates maduros, agregué los aliños picaditos, el ajo machacado, la pulpa de la sardina triturada, una imprescindible pizca de sal y un toque de orégano. Para coronar la mezcla le eché un buen chorro de esa mayonesa sabrosa que tenía guardada. Empecé a revolver todo con paciencia hasta que la sardina y el aguacate se fusionaron por completo, formando una crema uniforme, brillante y con un aroma espectacular que de inmediato le abrió el apetito a toda la casa.

On my last trip to the supermarket, I was lucky enough to find a tray of garlic that was already peeled—which was a real find for me and an absolute delight. I took several cloves of that garlic and crushed them thoroughly in the mortar because I wanted to achieve that spicy, bold kick that only fresh garlic can provide. I also finely chopped an onion and a good handful of fresh cilantro, making sure all the seasonings were cut into small pieces so they would blend perfectly into the mixture.

It was time to bring all the magic together in one bowl. I scooped out the flesh from the four ripe avocados, added the finely chopped seasonings, the crushed garlic, the mashed sardine flesh, an essential pinch of salt, and a dash of oregano. To top it all off, I drizzled in a generous splash of that flavorful mayonnaise I’d been saving. I began stirring everything patiently until the sardines and avocado blended completely, forming a smooth, glossy cream with a spectacular aroma that immediately whetted everyone’s appetite in the house.


Les juro que no tiene ninguna ciencia en cuanto a técnica de preparación, pero la combinación de sabores es algo fuera de este mundo. Cuando tomé una cucharada para probar la sazón y ver si le faltaba algo, sentí ese destello de luz interno de cuando das justo en el blanco. La cantidad de sal y de ajo quedó perfecta, dándole ese picosito sabroso que contrarrestaba de maravilla con la cremosidad del aguacate y el sabor marino de la sardina. Ese guacamole casero quedó, como decimos por aquí, «mi amor con te quiero».

Al final logré mi cometido de salvar los aguacates antes de que se dañaran y, sobre todo, de complacer ese antojo nocturno de la mejor manera posible. Obviamente no me comí solo una ni dos arepitas; me terminé comiendo tres arepas bien rellenas de ese guacamole fabuloso hasta quedar totalmente satisfecha. Da un gusto enorme poder transformarle la cena a la familia con ingredientes sencillos que uno tiene guardados en la despensa y salir de la rutina de una forma rápida y sumamente deliciosa.

Ich schwöre, die Zubereitung ist überhaupt nicht kompliziert, aber die Geschmackskombination ist einfach himmlisch. Als ich einen Löffel probierte, um zu sehen, ob noch etwas fehlte, spürte ich dieses innere Glücksgefühl, das man hat, wenn man genau ins Schwarze getroffen hat. Die Menge an Salz und Knoblauch war perfekt und verlieh dem Ganzen diesen herzhaften Kick, der wunderbar mit der Cremigkeit der Avocado und dem salzigen Geschmack der Sardinen harmonierte. Diese hausgemachte Guacamole ist, wie wir hier sagen, „mi amor con te quiero“ geworden.

Letztendlich habe ich meine Mission erfüllt, die Avocados zu retten, bevor sie schlecht wurden, und vor allem mein nächtliches Verlangen auf die bestmögliche Weise zu stillen. Natürlich habe ich es nicht bei nur einer oder zwei Arepas belassen; am Ende habe ich drei Arepas gegessen, die großzügig mit dieser fabelhaften Guacamole gefüllt waren, bis ich vollkommen satt war. Es ist ein wahrer Genuss, das Familienessen mit einfachen Zutaten, die man in der Speisekammer vorrätig hat, zu verfeinern und auf schnelle und unglaublich leckere Weise aus der Routine auszubrechen.



​Con esta experiencia dejamos demostrado y rompemos por completo el mito de que solo las mujeres embarazadas tienen antojos repentinos. Las que somos antojosas de nacimiento mantenemos ese espíritu vivo a cualquier edad y en cualquier momento del día. Por eso, si a ti te provoca comerte algo a deshoras, no lo pienses tanto y date el gusto sin ningún tipo de culpa. No hay nada más gratificante en esta vida que complacer al estómago con lo que realmente le apetece en el instante.

​Espero que les haya gustado esta receta rápida, sabrosa y sin complicaciones para salir de un apuro y matar un antojo casero sin morir en el intento. Agradezco enormemente que se hayan tomado el tiempo de leerme y acompañarme en esta aventura culinaria nocturna. Me encantaría saber su opinión en la sección de comentarios: ¿a ustedes también les dan estos antojos repentinos de noche o son más bien tranquilos a la hora de cenar? ¡Nos leemos en la próxima publicación y que tengan un excelente día!

Mit dieser Erfahrung widerlegen wir den Mythos, dass nur schwangere Frauen plötzliche Heißhungerattacken haben. Wir, die wir von Geburt an Heißhunger haben, behalten diesen Geist in jedem Alter und zu jeder Tageszeit bei. Wenn du also zu ungewöhnlichen Zeiten Lust auf etwas hast, überleg nicht lange und gönn es dir ganz ohne Schuldgefühle. Es gibt nichts Befriedigenderes im Leben, als dem Magen genau das zu gönnen, worauf er in diesem Moment wirklich Lust hat.

Ich hoffe, euch hat dieses schnelle, leckere und unkomplizierte Rezept gefallen, mit dem man aus der Patsche kommt und einen Heißhunger zu Hause stillen kann, ohne dabei zu verzweifeln. Ich bedanke mich ganz herzlich, dass ihr euch die Zeit genommen habt, meinen Beitrag zu lesen und mich auf diesem nächtlichen kulinarischen Abenteuer zu begleiten. Ich würde mich sehr über eure Meinung in den Kommentaren freuen: Habt ihr auch manchmal solche plötzlichen Heißhungerattacken in der Nacht oder seid ihr beim Abendessen eher gelassen? Wir sehen uns im nächsten Beitrag und ich wünsche euch einen wunderschönen Tag!

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