«Los viajes sirven para conocer las costumbres de los distintos pueblos y para despojarse del prejuicio de que sólo en la propia patria se puede vivir de la manera a que uno está acostumbrado».
— René Descartes
SÉPTIMA PARTE
APSIRTO Y MEDEA
Adán y Eva tuvieron gemelos, y a estos los llamaron «Apsirto y Medea», un varón y una hembra, la segunda generación del nuevo eslabón evolutivo de la raza humana. Eran parecidos en piel, narices, bocas y tapas craneales. Apsirto había sacado los ojos de Eva, mientras que Medea sacó los de Adán; lila y escarlata, un rasgo inolvidable especialmente para todos aquellos en la Tierra que les hubiera gustado verlos nacer. Las habilidades paternales de ambos padres no se hicieron esperar, de hecho fue tan natural, que ambos no necesitaron consultar a Edén. Todo ocurrió tan gratamente como los pasos de una nueva familia en un nuevo hogar.
A medida que los gemelos crecían comenzaban a demostrar habilidades particularmente únicas que los diferenciaban uno del otro. Medea tenía la capacidad de relacionarse de manera extraordinaria con la naturaleza. Su primer encuentro cercano fue a los ocho años, cuando paseaba en las orillas de un torrente lejano y ancho. Era su lugar secreto, porque nadie más de su familia lo conocía y allí las aves cantaban con más sonoridad.
Mientras meditaba entre la melodía de los rápidos conoció a un oso pardo, que al verla esbozó gruñidos. Medea se asustó y temblorosa dio pasos hacia atrás, pero luego, al divisar bien a la criatura, se dio cuenta que había una gran estaca clavada en su pata derecha delantera que le causaba mucho dolor. Ella lo ayudó y al despojarle de tal tortura, el oso se tranquilizó. Ambos se hicieron amigos y fue a partir de ese instante en que la bestia comenzó a enseñarle la lengua de los naturales; usando anacronismos de su hábitat, de las aves y los mamíferos, y de aquellos que son aún más salvajes, Medea aprendió todos los dialectos y fue así como perfeccionó el enlace con el entorno de Génesis.
Apsirto, por otra parte, se perfeccionó en la fuerza extrahumana, un poder inigualable, incluso más que el de sus padres. A los ocho años también comenzó a perfeccionar su habilidad, levantando piedras pesadas. Usaba su fuerza únicamente al principio para ayudar con las labores cotidianas, pero luego se dio cuenta de que podía hacer mucho más. Estudiaba los pesos de las cosas, no solo de las piedras sino también de los árboles, y tomaba algunos arrancándolos de un tajo. Los montículos de rocas o colinas bajas eran su objetivo preferido, con solo dos golpes las derribaba o las fisuraba, todo dependía del tamaño y su dimensión.
Aunque a Apsirto le gustaba la pesca, por influencia de su padre, comenzó a estimular una filiación brava por la cacería. Los animales en las faunas, más que comida eran tesoros para él. Pensaba en utilizar su fuerza para atraparlos, tomarlos y desnucarlos. Usando la fuerza bruta que tanto había desarrollado con el pasar de los meses. Su habilidad también le confirió ingenio, para poder combinar su ímpetu con la pericia. Fue así, que creó armas punzantes; dardos, flechas y otros proyectiles, los cuales le sirvieron para cazar tanto en el aire como en la tierra.
Se adentraba a la naturaleza buscando a sus víctimas, y a toda cuanto veía la apuñalaba, despellejaba, segaba sus partes y las cercenaba, para cuando llegaba a su casa sus padres preparaban un gran banquete. Esto enfureció a Medea, puesto que su familia degustaba de los cadáveres cocinados de sus amigos, pero adquirió aún más rencor en contra de su hermano, por ser el asesino autor de aquel acto tan atroz.
Huyó esa misma noche hacia el bosque, en contra de las órdenes de sus padres. Se refugió en su lugar secreto buscando consuelo de su amigo el oso, pero en vez eso encontró muchas miradas que se posaban sobre ella fijamente. Muchos ojos; cientos de ellos, relucían desde las tinieblas irradiando rabia y sed de venganza. Medea podía sentirlos, comenzó a percibir un espanto que la abrumaba, hasta que su amigo el oso emergió de las sombras para hablar con ella.
—Tu hermano ha matado a varios de nosotros. —Dijo el oso con voz grave. —Ahora que ha probado nuestras carnes vendrá a buscar más, se convertirá en un depredador imparable. Si de verdad eres una de nosotros, ¡tráelo hasta aquí para impartir justicia como se debe!
Medea se sintió amenazada ante la petición de los naturales, miró a los ojos al oso y éste solo le confirió terror y rabia.
—Haré lo que me piden pero por favor no lastimen a mi hermano. Es solo un niño igual que yo, solo necesita aprender más sobre ustedes y…
—Eso lo decidiremos nosotros, —interrumpió el oso, —pero tranquila, verás que todo pasará de la mejor manera. —La bestia sonríe al terminar su oración.
Medea asintió con la cabeza, tomó el camino de regreso a su casa y se echó a su cama para dormir. Al día siguiente, se dirigió a su hermano, quien estaba muy ocupado golpeando unos pilares de rocas preparados por él. Medea comenzó a persuadirlo con mentiras de que ella también quería aprender a cazar, y que conocía un lugar secreto donde se juntaban grandes y fuertes animales. Aquellas palabras convencieron al interesado niño, quien con ojos relampagueantes preparó sus proyectiles para irse con su hermana.
Tomaron el camino mientras Medea estaba preocupada, y al llegar, encontraron el lugar completamente vacío. Apsirto se molestó puesto que pensó que su hermana lo engañaba, y al volver, sintió un zarpazo que lo tumbó al suelo al instante. Medea se echó para atrás de súbito horrorizada al ver como el pecho de su hermano sangraba. Luego llegaron las aves, los linces, los roedores, las ardillas, incluso los insectos se agruparon para degustar del gran festín de la venganza.
Comenzaron a picotear, a roer, masticar y destripar el cuerpo de Apsirto, dejando sus entrañas abiertas y ríos de sangre emanando hacia todas partes. Medea ni pudo mirar, se tiró al suelo de rodillas con los ojos cerrados y las lágrimas desbordadas, y fue en ese momento, cuando comenzó a escucharse un ruido agudo y mecánico que descendía del suelo.
Los animales al vislumbrar lo que se acercaba, abandonaron a su víctima ya muerta y se dispersaron. Una nave cristalina, idéntica a Edén, comenzó a aterrizar unos metros frente a Medea.
CONTINUARÁ...
Escrito por
@universoperdido. 11 de Febrero del 2021
La foto de portada es de mi propiedad, tomada con un celular moto e4 y editada con PhotoScape y Snapseed.
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