ANTROPO | CUARTA PARTE: PARAÍSO

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«La irracionalidad de una cosa no es un argumento en contra de su existencia, sino más bien una condición de la misma».


— Friedrich Nietzsche

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CUARTA PARTE


PARAÍSO

Habían pasado meses desde el despegue hacia el planeta Génesis. Adán y Eva se veían más preparados con la ayuda de Edén, vivían una vida tranquila llena de cotidianidad en un ambiente factible creado por la gran inteligencia artificial. Adán empezó a tener más correlación con Eva; ella era alegre, cándida, desbordante de energía, paseaba por todo el entorno holográfico como si se tratara de una dimensión real y hermosa. En cambio él, era todo lo contrario, reconocía su petulancia y pedantería. Su entrenamiento lo había hecho una persona dura incapaz de conectarse con las cosas bellas y simples, puesto que siempre se preparó para un destino magnánimo, apartando asimismo las nimiedades.

Se alimentaban con una dieta estricta a base de fruta que Edén les proporcionaba. Si necesitaban comida, solo necesitaban pedir un árbol de manzanas, por ejemplo, que aparecía raudamente ante ellos, con todo y su proceso de germinación. Eva pedía que las manzanas fueran más rojas, y Edén obedecía, o que fueran de otro color; como doradas o violetas. Adán a veces pedía que se formara un riachuelo frente a él para poder meditar, y se quedaba sentado frente al afluente cerrando los ojos en completo silencio.

Eva no lo interrumpía en su momento de privacidad, comprendía la diferencia de crianza que había entre ambos. Adán nunca fue capaz de disfrutar los pocos placeres que había en el planeta Tierra, es por esa razón que se le hacía difícil relacionarse.

En los ambientes ficticios proporcionados por Edén, había animales ya extintos que deambulaban por la Tierra cuando ésta era segura. Eva jugaba con los roedores; las ardillas, los ratones, los hámsteres, y también con las aves que cantaban al son de sus alegres pasos o cuando sus bellos ojos lilas se combinaban con el centelleo de aquel sol artificial, creando un arcoíris que relucía entre los pastos que crecían con celeridad frente a ellos.

El viaje hacia Génesis transcurría como si ellos no supieran nada. No había ventanillas posadas en el ambiente que les permitiera vislumbrar hacia afuera, o algún panel que les indicara cuanto tiempo han viajado o cuanta distancia hacía falta para llegar a su destino, todo lo hacía Edén; un gran trabajo de la ingeniería programática creado para llevar seguras a las dos únicas esperanzas de la humanidad.

—Edén, ¿cuánto falta para llegar a Génesis? —Preguntó Adán.

—Según los cálculos basados en las coordenadas aún faltan cuatro días terrestres. —Respondió.

—Sí que queda a una larga distancia. —Manifestó Eva mientras sostenía entre sus brazos a un pequeño cachorro de lobo. —Espero que Génesis sea tan hermoso y confortable como este lugar.

—Edén debería estar entrenándonos para soportar las penurias del ambiente de Génesis si es que las tiene. —Indicó Adán de manera seria. —Pero en vez de ello le pedimos que nos alimente o deleite con paisajes hermosos, creo que hay una falla en este sistema.

—Si fuese así los doctores lo hubieran pensado eso en primer lugar y Edén no sería tan amable con nosotros sino estricto, —Dijo Eva—, o quizás Génesis es parecido a todo esto que vemos, quizás Edén nos está preparando pero si ser severo, dándonos todo lo que nos proporciona.

Adán caviló por un momento, poniendo un poco en duda la aseveración de Eva, luego la miró a los ojos y notó molestia, sentía que ella no podía acostumbrarse a él.

—Eva, ¿yo te agrado? —Le preguntó Adán susurrante. Eva sorprendida miró sus ojos escarlatas sobre ese rostro serio y pensó por unos segundos su respuesta.

—Pues… a veces eres irritante y no estoy de acuerdo con muchas cosas que dices, pero he sido asignada para cumplir esta misión contigo así que no tengo otra opción.

—¿Pero te agrado? —Refundó Adán.

—Creo que me agradas un poco, eres una persona demasiado objetiva y siento que gracias a eso he aprendido algunas cosas, aunque… siento que eres algo amargado.

Adán sonrió a carcajadas en ese momento, y esta vez su sonrisa fue más reluciente y remarcada que las anteriores veces. Eva asombrada, bufó un suspiro de gracia, pensando que su compañero se había vuelto loco pero de buena manera. Nunca lo había visto sonreír así, siempre estaba con una actitud reservada, pero esa vez lo veía más tranquilo y relajado, también notó que su sonrisa era una de las más hermosas que había visto; eso la estremeció.

Después de ese momento pasaron cuatro días, Adán y Eva estaban frente a un gran afluente ancho creado por Edén. Miraban a los peces que saltaban alegres una y otra vez, y se les ocurrió la idea de pescarlos, aunque sabían que no eran reales. En ese instante un sonido digital suave como una pequeña alarma sonó. Ambos quedaron pasmados y miraron hacia el cielo verdoso. La voz de Edén se manifestó para darles un aviso:

—Amigos, hemos llegado a nuestro destino. Bienvenidos sean al planeta Génesis.

CONTINUARÁ...


Escrito por universoperdido@universoperdido. 08 de Febrero del 2021


La foto de portada es de mi propiedad, tomada con un celular moto e4 y editada con PhotoScape y Snapseed.

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Relatos anteriores de la serie Antropo

PRIMERA PARTE: ADÁN Y EVA
SEGUNDA PARTE: EDÉN
TERCERA PARTE: EL VIAJE


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