ANTROPO | SEXTA PARTE: PROCREACIÓN

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«Quien no sabe la verdad sólo es un estúpido, pero quien la sabe y la llama mentira, es un criminal».


— Bertolt Brecht

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SEXTA PARTE


PROCREACIÓN

Mandy, feliz por ver de nuevo a Adán y Eva después de meses de largo viaje, comenzó a manifestar gestos de alegría, especialmente a Eva, quien fue su protegida antes de ser lanzada a esta misión especial. Eva, como era de esperarse, esbozó felicidad por ver a quien ella consideraba su hermana, e hizo algunos ademanes brotando lágrimas de sus ojos. Mandy las correspondió todas y se sintió contenta de que ambos estuvieran bien, pero solo por un instante ya que tenían que proseguir con la hazaña.

— ¡Querida Eva, que bueno volverte a ver! —Dijo Mandy con la voz exaltada. —Espero que a ambos les esté yendo bien en Génesis, nos alegra que hayan llegado a salvo.

— ¡Doctora Mandy, pareciera que hubieran pasado años! —Manifestó Eva—si pasaba otro día más hubiera borrado la finura de tu voz, por supuesto, eso es un decir.

Mandy sonrió, sosteniendo lo hilarante de las palabras de Eva, luego se posó seria nuevamente y se paró firme frente al monitor. Miró fijamente a ambos, como si lo que venía fuese algo difícil.

—Gracias a la poderosa recepción de señal de Edén, —indicó Mandy, —puedo comunicarme con ustedes, pero solo será por esta única vez, ya que no poseemos transmisores tan poderosos como para llegar tan lejos, así que pongan mucha atención con lo que estoy a punto de decirles.

Ambos se pararon erguidos frente a la pantalla tomándose de las manos.

—El asentamiento en Génesis de parte de ustedes, según los informes enviados por Edén, está siendo un éxito, eso nos contenta a todos por acá, cuando finalmente se hayan establecido, el siguiente paso será la procreación.

Adán y Eva se quedaron estupefactos, se miraron a los ojos; destellaron de sorpresa. Sus manos se soltaron algo avergonzados, era un tema bastante delicado especialmente para dos seres que jamás han tenido cercanía de ese tipo.

—Sé que el tema del sexo es un terreno bastante desconocido para ambos, —Prosiguió Mandy—, pero están hechos el uno para el otro, y los hijos que traerán al mundo no solo les darán felicidad a ustedes sino más esperanza para la humanidad. La crianza puede ser otro tema de ápices complejos, pero sus sentidos paternos y maternos están más desarrollados que los nuestros y pueden captar rápido cualquier adversidad, dándole una resolución absoluta.

Mientras Mandy hablaba, Adán colocó una de sus manos en el hombro de Eva. Ella lo notó, se sorprendió un poco pero intentó no demostrarlo. Se quedó inerte casi como una estatua, mientras la doctora daba sus últimas palabras.

—El planeta Génesis es ahora su hogar, deben tratarlo como tal, recuerden que este mundo es nuestra segunda oportunidad, al igual que ustedes. Les deseo mucha suerte y que siempre vayan por el camino del bien, adiós…—y la transmisión se perdió.

—Puedo recomendarles algunas posiciones ideales para el acto sexual si así lo desean, —sugirió Edén—, dentro de mi banco de conocimientos tengo cinematografía que puede serles muy útil.

Ambos espetaron una mirada de sorpresa contra Edén, profiriendo con vergüenza palabras ofensivas, luego salieron de ahí, refugiándose en la cabaña. Tomaron los restos de comida y los colocaron a un lado de la grama para abonar la tierra. Luego se instalaron nuevamente en sus aposentos. Adán miraba a Eva con una expresión distinta, era desconocida pero le agradaba. Eva sentía su mirada y se sintió al principio incomoda, pero luego nuevamente comenzó a ver a Adán con interés.

Llegó la noche y era hermosa y espectral, era la primera vez que contemplaban un cielo nocturno en Génesis. Había múltiples estrellas, guiadas por varias vías y acompañando su luminiscencia se posaron sobre el cielo dos lunas; hijas de aquel planeta tan hermoso y diverso. Adán y Eva se tomaron de las manos, embelesados por el apacible sonido del ambiente. Se miraron a los ojos y estos eran tan relucientes como los astros. Vislumbraron sus labios, deseando saborear el néctar que resguardaban y así fue, los besos no se hicieron esperar.

Se abrazaron, se apretujaron, apretaron sus pechos con fuerza mientras se hundían en un vórtice pasional. Se hicieron uno esa noche; ella era de él y él era de ella, no hubo más que explicar. Aquel momento de intimidad los unió vigorosamente, al verse sonreían, hacían chistes y se trataban como dos graciosos amantes. Un afecto trascendió en amor, y ese amor se dividió trayendo dos retoños al mundo.

Después de semanas, Eva se dio cuenta de que estaba embarazada, según los análisis de Edén, portaba en su vientre a dos fetos; gemelos para ser más claro, los primeros engendrados por la nueva raza de la evolución. Ambos estaban felices, aunque Eva estaba nerviosa, deseaba que la doctora Mandy estuviese junto a ella para explicarle todo sobre ser madre, pero sabía muy bien, que eso le tocaba solo a ella.

Meses más adelante el vientre de Eva creció. Su embarazo no era como el de las humanas normales, no había contracciones o desmayos, era como si su estado no produjera efecto alguno, a excepción de una sensación de gozo que cada vez disfrutaba con el silencio o con el ambiente que la rodeaba, o con la mirada de Adán, que hacía todo lo posible para que ambos tuvieran una vida confortable. Se acercaba el momento del parto, y Eva, por naturaleza, sabía cómo enfrentar aquello.

CONTINUARÁ...


Escrito por universoperdido@universoperdido. 10 de Febrero del 2021


La foto de portada es de mi propiedad, tomada con un celular moto e4 y editada con PhotoScape y Snapseed.

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Relatos anteriores de la serie Antropo

PRIMERA PARTE: ADÁN Y EVA
SEGUNDA PARTE: EDÉN
TERCERA PARTE: EL VIAJE
CUARTA PARTE: PARAÍSO
QUINTA PARTE: GÉNESIS


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