Análoga por elección #19. Lo que no viene en la bolsa de la compra / Analog by Choice #19. What Doesn't Come in the Shopping Bag

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Fuente Pixabay

Hola querida comunidad de Holos & Lotus.

En algunos países, pedir la compra desde el teléfono es algo tan habitual como salir a caminar. Se eligen los productos, se paga y solo queda esperar a que lleguen a casa. En Cuba esa posibilidad no está tan extendida. Existen algunos servicios, pero muchas de las compras que se hacen por internet dependen de familiares que viven en el extranjero y pagan para que los productos se envíen a sus seres queridos. No es una opción que yo utilice. Por una parte, los precios suelen ser más altos y, con el costo de la vida como está, hay que pensar bien en qué se gasta cada peso. Por otra, si pudiera elegir, preferiría tener a mi familia cerca, compartiendo lo bueno y lo malo, en vez de que la distancia fuera parte de nuestra vida cotidiana. Sé que ayudar desde lejos puede ser una manera de cuidar a los suyos, y no le quito valor a ese gesto.

Hace poco me puse a pensar en las ventajas de comprar desde casa. No hay que desplazarse, hacer cola ni cargar con las bolsas por la calle. Uno selecciona lo que necesita, confirma el pedido y espera. Para una persona con poco tiempo, con dificultades para moverse o que vive lejos de las tiendas, puede ser una solución estupenda. No hace falta rechazar una comodidad solo porque sea nueva. Cada cual sabe qué le conviene según sus circunstancias.

Pero también pensé en todo lo que sucede cuando uno sale a comprar en el barrio. A veces voy a buscar dos o tres cosas y termino demorándome más de lo previsto. Puede haber una cola, alguien delante de mí se encuentra con un conocido y empiezan a conversar, o el vendedor está atendiendo a una persona que necesita preguntar varias cosas antes de decidirse. Si tengo prisa, esos minutos pueden parecer interminables. Sin embargo, otras veces son precisamente los que hacen que la salida no sea solo una tarea que hay que cumplir.

En una cola uno se entera de alguna noticia, comenta algo que pasó cerca de casa o escucha la opinión de otra persona sobre un asunto que también le preocupa. De pronto aparece alguien a quien hacía tiempo que no veía y el saludo termina en una conversación sobre la familia, el trabajo o cualquier otra cosa. No habíamos quedado en encontrarnos, ni habíamos organizado una llamada. Simplemente coincidimos allí, en medio de una actividad corriente. Esas casualidades también forman parte de la vida del barrio.

Está, además, la posibilidad de mirar lo que vamos a comprar. Dependiendo del producto, puedo comprobar su estado, tocarlo, observar el tamaño o decidir si realmente me conviene. Si tengo dudas, le pregunto al vendedor. A veces conoce la mercancía y puede decirme si ha probado algo, si le parece bueno o si hay otra opción que merece más la pena. Puede que su recomendación no sea siempre acertada, como ocurre con cualquier opinión, pero al menos hay un intercambio directo que me ayuda a decidir.

Nada de esto significa que comprar por internet sea peor. Una aplicación puede resolver una necesidad en pocos minutos y ahorrar un tiempo que alguien prefiere dedicar a otras cosas. Tampoco todas las visitas a una tienda terminan en una conversación agradable. Hay días en que la cola cansa, no encontramos lo que buscamos y regresamos a casa con las manos casi vacías. La vida real no siempre ofrece encuentros interesantes, igual que una compra virtual no tiene por qué ser una experiencia fría o impersonal.

En mi caso, sigo prefiriendo salir a comprar cuando puedo hacerlo. No es una postura contra la tecnología ni una invitación a que los demás hagan lo mismo. Es mi manera de resolver una necesidad y, de paso, mantener ese contacto sencillo con el entorno. Voy por un producto, pero también puedo encontrarme con un vecino, intercambiar unas palabras o escuchar algo que no sabía. Cuando regreso, la bolsa contiene lo que compré; lo demás no se puede pesar ni aparece en el recibo.

En un mundo que busca facilitarnos cada vez más las tareas, me parece bueno recordar que no todo lo que ocurre mientras hacemos algo es tiempo perdido. A veces, la conversación que surge durante una espera o el encuentro inesperado con alguien querido forman parte de aquello que hace más llevadero el día. Y eso, al menos para mí, sigue siendo una buena razón para bajar a la tienda del barrio.

Las imágenes son de Pixabay y la traducción al inglés fue hecha usando DeepL Translate.


Analog by Choice #19

What Doesn't Come in the Shopping Bag

🇬🇧 English



Source Pixabay

Hello dear Holos & Lotus community.

In some countries, ordering groceries from a phone is as ordinary as going for a walk. You choose the products, pay, and then wait for them to arrive at your door. In Cuba, this option is not so widespread. Some services exist, but many online purchases depend on relatives living abroad who pay for products to be delivered to their loved ones. I do not use these services myself. For one thing, prices are often higher, and with the cost of living as it is, every peso has to be spent carefully. For another, if I could choose, I would rather have my family close, sharing both the good and the bad, instead of having distance as part of our everyday lives. I know that helping from far away can be a way of caring for loved ones, and I do not underestimate that gesture.

Recently, I started thinking about the advantages of shopping from home. There is no need to travel, stand in line, or carry bags along the street. You select what you need, confirm the order, and wait. For someone with little free time, mobility difficulties, or a home far from the shops, it can be an excellent solution. There is no reason to reject a convenience simply because it is new. Everyone knows what works best for their own circumstances.

But I also thought about everything that happens when you go shopping in your neighborhood. Sometimes I leave home to buy two or three things and end up taking longer than expected. There may be a queue, someone ahead of me may run into an acquaintance and start chatting, or the shopkeeper may be helping a customer who needs to ask several questions before making a decision. If I am in a hurry, those minutes can feel endless. Yet at other times, those are precisely the moments that make the outing more than just another task to complete.

While waiting in line, you may hear some news, comment on something that happened nearby, or listen to someone else's opinion about an issue that concerns you too. Suddenly, you run into someone you have not seen for a long time, and a simple greeting turns into a conversation about family, work, or something else entirely. We had not arranged to meet or planned a phone call. We simply happened to cross paths while doing an ordinary everyday task. These chance encounters are part of neighborhood life too.

There is also the opportunity to look at what we are about to buy. Depending on the product, I can check its condition, touch it, examine its size, or decide whether it really suits my needs. If I have questions, I can ask the shopkeeper. Sometimes they know the merchandise well and can tell me whether they have tried something, whether they think it is good, or whether another option might be worth considering. Their recommendation may not always be right, as with any opinion, but at least there is a direct exchange that helps me make a decision.

None of this means that online shopping is worse. An app can meet a need in just a few minutes and save time that someone would rather spend on other things. Nor does every visit to a shop end with a pleasant conversation. Some days the queue is exhausting, we cannot find what we need, and we return home with almost nothing. Real life does not always offer interesting encounters, just as an online purchase does not have to feel cold or impersonal.

In my case, I still prefer going out to shop whenever I can. It is not a position against technology, nor am I suggesting that everyone should do the same. It is simply my way of taking care of a need while maintaining that easy contact with the world around me. I go out for a product, but I might also run into a neighbor, exchange a few words, or hear something I did not know. When I return home, the bag contains what I bought; the rest cannot be weighed or listed on the receipt.

In a world where more and more tasks are being made easier for us, I think it is worth remembering that not everything that happens while we are doing something is wasted time. Sometimes, a conversation during a wait or an unexpected encounter with someone dear is part of what makes the day a little easier. And for me, that is still a good reason to walk down to the neighborhood shop.

The images are from Pixabay, and the English translation was done using DeepL Translate.


Thank you for reading.
Special thanks to bradleyarrow@bradleyarrow for supporting the community.



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