Mirando los morros al amanecer,
hay vistas hermosas que te alegran,
paisajes que curan el alma al ver
cómo las sombras del mundo se integran.
Son colosos de piedra que al cielo elevan
historias de tierra, de viento y de sol,
refugios eternos que el pecho consuelan,
que te recuerdan la grandeza de Dios.
Su mano divina talló la montaña,
dejando su firma en cada rincón,
en la blanca niebla que el valle acompaña,
y en el latido de tu corazón.
No existe el azar en este paisaje,
pues todo encaja con gran perfección;
el mundo nos deja su dulce mensaje:
su mano está en cada detalle y creación.
Fotografía de mi propiedad