Una introducción necesaria
En el inmenso tejido de la vida, hay fuerzas invisibles que nos sostienen: los sentimientos. Ellos son benditos porque nacen del corazón y se convierten en refugio, en puente, en luz. Son la raíz de la ternura, la voz de la esperanza, el abrazo que nos salva en la tormenta. Hablar de ellos es reconocer que la humanidad se mide no por lo que posee, sino por lo que siente y comparte.
Estas décimas son un canto humilde a esos dones que nos hacen más plenos: el amor, la amistad, la fe, la paz. Que cada verso sea un recordatorio de que los sentimientos, cuando se viven con verdad, son la mayor bendición de nuestra existencia.
Benditos son los amores,
la amistad que nunca muere,
la ternura que se quiere
y el perdón que abre las flores.
Son refugio en los temores,
luz que al alma la rescata,
voz que al silencio desata,
puente en la noche sombría.
Son la fuerza y la poesía
que en cada vida se trata.
Benditos son los abrazos,
la esperanza compartida,
la fe que alienta la vida
y la unión que rompe lazos.
Son eternos los regazos
donde el alma se consuela,
la bondad que siempre vuela
y la paz que nos sostiene.
En su raíz todo tiene
la verdad que nos revela.
Un comentario final
Los sentimientos benditos son la raíz de nuestra humanidad: nos elevan en la alegría y nos sostienen en la tristeza, nos recuerdan que la vida no se mide por lo que acumulamos, sino por lo que compartimos. En ellos se funden la ternura, la amistad, la fe y la esperanza, como pilares que nos hacen mejores personas.
Con estas décimas he querido rendir homenaje a esa fuerza invisible que nos une y nos salva, recordando que, al final, lo más valioso que dejamos en el mundo no son las huellas materiales, sino las huellas emocionales que sembramos en los corazones de los demás.
Nota: Las imágenes las tomé de Pixabay.