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"Quiero retroceder en el tiempo y evitar muchas cosas, así como regañarme a mí mismo por las estupideces que he cometido en estos años", dijo Simón una noche, después de beberse un poco de brandy.
Miguel Ángel bufó mientras jugueteaba con su vaso de whisky. "Si tuviéramos la oportunidad, no habríamos tenido el proceso de aprendizaje que conllevan esos errores".
"Pero si el hubiera existiera..."
"Simón, déjalo ir ya. Es hora de seguir adelante, de continuar..."
"Lo sé, lo sé... Pero no es fácil..."
"Exacto. No es fácil, pero debes hacerlo por tu propio bienestar. Tienes que vivir por ti".
Simón cerró los ojos por un momento. Al abrirlos, Miguel ya no estaba frente a él; ni Miguel ni el vaso de whisky. Con una sonrisa triste, Simón sintió el escozor en los ojos. "Mi propio bienestar... Miguel, amigo mío... Tantos años han pasado desde que te fuiste de este mundo, y aún recuerdo ese consejo. Donde quiera que estés, espero que estés bien y que seas feliz. Vivir en este mundo no es ni ha sido fácil, pero tienes razón: uno tiene que vivir por uno, porque la vida es corta".
Terminando de beber el contenido de su vaso, tomó su bastón, se levantó del sillón que se encontraba a un lado de la ventana, y se dirigió hacia la cocina para preguntarle a su nieta Aurelia si necesitaba ayuda con algo.
