RETUERTO (Cuento corto)

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«A fin de cuentas, un héroe es alguien que quisiera discutir con los dioses, y así debilita a los demonios para combatir su visión».


— Norman Mailer

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RETUERTO

¿Un mensaje de la oscuridad? No es nada con lo que pueda lidiar. Ahora aquello que ocurrió con antelación yacerá en lo más profundo y penumbroso de mi memoria. He de olvidar tan escabrosos detalles, si la remembranza me lo permite; y he de vaciar los albores amoratados de una fuerza clandestina, si el miedo es condescendiente.

Desde la ventana he contemplado la placidez del árbol de mi jardín, me di cuenta después de que su serenidad era un total engaño. Su inercia al parecer era un disfraz para pasar desapercibido de los curiosos, pero su aspecto, ¡ay Dios mío!, que tenebroso y mortal, que aberración tan incisiva que induce en la mente el miedo.

Es un terror mordaz, una mente que todo lo devora y se aferra a lo bello de la vida; sorbiéndola, sin dejar vestigio de ella. Cuando caminaba por los alrededores de su tronco maltrecho, él me susurraba. Usaba al viento como lenguaje de la manera en que solo las plantas pueden hacerlo. Me amonestaba de temores. Berreaba sin parar. Suplicaba ayuda a mis manos y estas cedían condescendientes y ofrecidas.

El aberrante árbol no sobrevivía con agua o con sol, como las plantas normales, sino con carne y sangre. Su vetusta y derruida apariencia obstaculizaba con dificultad sus movimientos, que ahora si estaban estáticos, no como anterioridad. Me confirió secretos absolutos. Elevó mi imaginación a un entorno lleno de terror confesándome sus días de sanguinario predador.

Me relató que había comenzado con animales en los bosques, pero su carne y su sabor ya no le parecían exquisitos. Luego fue por personas y estas produjeron un cambio ascendente en él. Sus raíces se retorcían estremeciéndose bajo la tierra. La sensación subía con celeridad hasta sus ramas y alimentaba las hojas otorgándoles un reluciente color carmesí de satisfacción.

El efecto y el éxtasis provocaban belleza en aquella magnifica mata, atiborrándola de frenesí, queriendo buscar más del néctar vital. Se desprendía de la tierra en que estaba enraizado retorciéndose cual horrible criatura amorfa y despreciable; cazando a su próxima víctima, y luego volvía al terreno de mi jardín satisfecho, exhibiendo una apariencia de placer.

Pero aquellos días de depredador habían terminado para él, puesto que su cuerpo se consumía, y a la velocidad en que iba, se convertiría en polvo. Es por esta razón que acudió a mí, no me vio como su próxima víctima sino como un amigo al que pedía auxilio.

Hubo un tiempo en que le tuve aprecio, antes de saber que era un monstruo voraz; y ese sentimiento de nuevo salió a flote, al verlo con mis ojos compasivos como el tiempo consumía los últimos rastros de su vida. Accedí a su petición y fui a buscar a un incauto solitario e infortunado. Fui al parque de la ciudad en la madrugada. Encontré a un ebrio recostado en una banca. Lo acribillé con mi cuchillo especial de cocina para la carne más dura y lo envolví en un saco de lona montándolo sucesivamente en la capota de mi auto.

Me dirigí a mi casa con rapidez y coloqué el cuerpo sangrante frente al gran árbol, este al sentir el hedor de la sangre a través de sus ramas se incorporó con violencia; colocándose erguido con imponente majestad. Asomó sus raíces hundidas en la tierra retorciéndose con fuerza. Se abalanzó con ímpetu sobre el cuerpo y, a través de la boca de su tronco, engulló el cadáver con estrepitoso espanto.

Debo admitir que aquello fue difícil de contemplar, no solo me estremecí de pavura sino que también me revolví en repugnancia y culpabilidad. Después del abominable acto, el árbol se quedó inerte de nuevo. Luego su cuerpo marchito comenzó a errar, fisurándose por todas partes. Soltó un ademán de agradecimiento hacia mí, que pude entender perfectamente, y posteriormente se desquebrajó brotando en una fuente de sangre.

Después de eso tuve que ocultar las evidencias, limpiar el desastre por completo. Todo lo que quedó del árbol fue puñados enormes de polvo, que se esparcieron por el viento; quizás, buscando un nuevo terreno al que habitar.

FIN


Escrito por universoperdido@universoperdido. 01 de Febrero del 2021


La foto de portada es de mi propiedad, tomada con un celular moto e4 y editada con PhotoScape y Snapseed.

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