Definitivamente no nos había gustado lo que habíamos visto en Tierra 34, de manera que decidimos que había llegado el momento de irse de aquel lugar sombrío y que parecía tan cerca de su propio colapso.
Pero antes de marcharnos decidimos dejar un mensaje allí, una especie de regalo a esa Tierra, si era bien interpretado, tal vez podríamos conseguir mejorar sus vidas, un poco de concienciación sobre lo que podría llegar a ser su mundo si todos colaboraran entre ellos, dejaban las confrontaciones y comenzaban a cuidar su planeta, el lugar y la dimensión en los que les había tocado vivir.
El problema era el tipo de mensaje que debíamos dejar y a quién dejárselo. Era muy probable que aquel mensaje a la humanidad fuese interpretado como una broma o una burla, por lo que era necesario una prueba concluyente y definitiva acerca del asunto.
Probablemente no fuera, el nuestro, el primer mensaje importante y real tomado como falso a lo largo de la historia. Así que decidimos ver qué pruebas reales podíamos dar para asegurarnos de que nuestro mensaje interdimensional era tomado como real y verdaderamente transcendental para la humanidad.
Nuestras cabezas comenzaron a dar vueltas, pero para llegar a una más optima conclusión, era necesario alimentar nuestras mentes con unas dosis de setas alucinógenas con las que lo veríamos todo mucho más claro.
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