Sentado en la cornisa de un edificio de doce pisos Miguel repasaba angustiado su triste vida. A esa altura, el ruido del pesado tránsito de la hora pico parecía lejano, casi como un recuerdo que persiste después de unas horas de sueño.
-Qué sentido tiene todo. Me parece tan artificial. Es siempre lo mismo. Lo más excitante que he hecho tal vez sea caminar por este estrecho espacio-
-Que es lo que realmente deseo- se preguntaba una y otra vez-
Se levantó de un salto y se puso a bailar peligrosamente, dando saltos, pretendiendo que estaba a nivel del suelo. El aire fresco golpeaba su cuerpo desvalanceandolo aún más.
-Que extraño. Caminar por una cornisa que mide veinte centímetros de ancho, es lo mismo aquí arriba que a nivel del suelo. Si eliminas el miedo a caerte es exactamente lo mismo-
-Que es lo que quiero- volvió a preguntarse-
Recordaba los sabores de sus comidas con tal precisión que parecía que los probaba al tiempo que literalmente los veía.
-Es un sabor, algo que siempre he deseado comer. No lo sé. Está vez si estoy perdido. Ya no se ni lo que quiero-
Una sensación de abandono recorrio su estómago que empezaba a hacer ruidos.
Con lágrimas en los ojos al fin vio todo claro.
-Lo único que quiero realmente es saltar-
Entonces levanto los brazos y se lanzo al vacío...
Cuando abrió los ojos de nuevo estaba esposado a la cama de un hospital. Estaba tan profundamente metido en sus pensamientos que no se dió cuenta de que los rescatistas habían colocado una lona por si saltaba.
Historia corta