La mesa ya estaba arreglada cuando llegamos apresurados a la invitación que nos habían hecho para el cumpleaños de la nieta de la vecina Teresa, como ella es casi de la familia entre sin pedir permiso y entre cantando para ponerme a tono con la canción que entonaban de Feliz Cumpleaños.
Yo iba acompañado de Mathias mi último ahijado, un niño de apenas seis años cuyo cuidado se dejó en manos de su abuela ya que su padre tuvo que emigrar a Perú en el mes de enero buscando opciones que aquí no encontraba, el compadre Jesús me encomendó que le cuidara también el niño y lo sacara a pasear. Cuando hay una reunión familiar aprovecho y lo llevo para que comparta con otros grupos donde estén niños y pueda jugar ya que su madre no ve por el pequeño.
A la agasajada se le veía el rostro iluminado por las once velítas encendidas que esperaban ser apagadas por la cumpleañera, era un grupo muy íntimo de unas ocho personas. Apenas empezaron a picar la torta y preparar los refrescos de la ocasión me fui a la terraza del Pent House, me encanta esa terraza.
Esa terraza tiene una vista espectacular del sur de Maracay en la que de día puedes ver a lo lejos el Lago de Valencia, provoca dejar ir la mirada hacia el horizonte hasta que se pierda, se siente la brisa fresca, es un área bien apropiada para esas tertulias que se hacen entre amigos.
De vez en cuando allí nos reunimos para compartir un vino, una taza de café o simplemente conversar. Al poco tiempo de estar instalado en una de las mecedoras llego Félix, uno de los hijos morochos de Teresa, ambos militares, pero de morochos no tienen nada, no se parecen físicamente, ni en sus comportamientos, si usted los encuentra por allí juntos ni lo sospecharía.
Serían las 6 de la tarde cuando comenzamos a charlar, sobre temas diversos, como suele suceder en las reuniones informales, hablamos de un tema y pasábamos a otro. Es sorprendente como se conecta una cosa con la otra, parecieran hilos que se van tejiendo sin aparente sentido.
Tocamos el tema económico, político y social que se vive en Venezuela, reflexionábamos sobre la mayor crisis que se ha vivido en el país en los últimos tiempos que nos ha llevado a cambiar hábitos, establecer prioridades y concientizar al grupo familiar.
Le dije a Félix que a todas las familias les está tocando de cerca lo que se vive en el país que en esta pequeña reunión era una muestra de lo que se vive en Venezuela, Mathías el ahijado con su papá fuera del país, negándose ambos esa etapa de la vida tan bella de disfrutar la inocencia de su niñez.
Su esposa que trabaja para PDVSA comentaba como la parte operativa en la explotación petrolera cada vez está más mermada, los profesionales se están yendo en desbandada. Mi única hija, Marielena, ingeniero químico, se retiró del trabajo para irse junto a mi única nieta Paula para España. Dos militares recibiendo ordenes de arriba, cuando su conciencia les dice que lo que sucede con el país no debería estar sucediendo.
Hacíamos comparaciones entre la época del ayer y la de hoy, le comentaba de mi experiencia en el sector agrícola, como se planificaba, se organizaba y se asignaban créditos a través de una Institución Financiera que trabajaba, se producían excedentes en diversos rubros agrícolas que se exportaban.
Las agujas del reloj seguían girando y se nos hizo de noche, alrededor de las diez de la noche, ya no se veía el horizonte desde la terraza, y en un momento Felix inspirado por la conversación me dice, esperate voy a buscar uno de los libros que leía mi papá quien falleció hace unos seis años.
Con el libro en sus manos me dijo te voy a leer una parte de este libro escrito por Isabel Allende, ella era sobrina de Salvador Allende, ex presidente de Chile quien fue derrocado el 11 de Septiembre del 1973 y murió en el atentado. Isabel que en la actualidad es una afamada escritora, le tocó vivir el exilio en Venezuela, luego del derrocamiento.
Se puso los lentes y empezó a leer:
“Caracas en 1975 era alegre y caótica una de las ciudades más caras del mundo. Brotaban por todas partes edificios nuevos y anchas autopistas, el comercio exhibía un derroche de lujos, en cada esquina había bares, bancos, restaurantes y hoteles para amores clandestinos y las calles estaban permanentemente atochadas por millares de vehículos de último modelo que no podían moverse en el desorden del tráfico, nadie respetaba los semáforos. El dinero parecía crecer en los árboles , los fajos de billetes pasaban de mano en mano a tal velocidad que no había tiempo para contarlos …”
Y continuó leyendo al menos cuatro páginas, tantas verdades en tan poco espacio, de una Venezuela que recibía inmigrantes de todo el mundo, como Isabel en 1975, luego 43 años después pasamos a ser un país donde se emigra, se dice que pasa de 4 millones de venezolanos cruzando las fronteras.
A todas estas, yo no sabía, ni podía ver el título del libro, entonces cuando terminó la lectura le pregunté:
¿Cuál es el nombre del libro?
El libro que tenía en sus manos, lo cerró y girando sus manos me lo mostró, apenas lo vi me sorprendí, y le dije:
“No puede ser”
¿Qué pasó Sr Salomón?
Paula, el título del libro, es el nombre de mi nieta que se acaba de ir para España con su mamá, es como un hilo invisible que se tejió en el tiempo, tú te imaginas la cantidad de sucesos que se tuvieron que dar para que ese libro que quien sabe cuántos años atrás tu padre haya buscado en alguna librería, hoy tú hayas venido de Barinas a Maracay, luego tus recuerdos de niño te llevaron a buscar el libro, seleccionaste una parte de el para leer cuatro páginas.
Cuando lo lees es como leer la historia al revés, la Venezuela de ayer Saudita y Chile en medio del caos político, social y económico. Hoy Venezuela en medio del caos y Chile un país próspero.
El libro Paula lo escribió Isabel Allende como un homenaje a la hija de Salvador Allende, su tío, con ese realismo mágico que cautivó a muchos lectores. La madre de Paula mientras su hija se encontraba enferma y en estado de coma le escribía cartas donde narraba su autobiografía, con la fe y la esperanza que algún día pudiese leerla, lo que nunca sucedió
Este post que estoy escribiendo hoy dos de mayo de 2018 es para una persona que aún no sabe leer, gracias a la tecnología Blockchaim Steemit esto quedara guardado para siempre, llegado el momento cuando además de saber leer y haga sus propios juicios, sepa que a los venezolanos de estos tiempos nos ha tocado vivir grandes lecciones, nos ha tocado valorar lo que no se valoraba, cuidar lo que se despilfarraba, compartir lo que se guardaba, nos ha tocado crecer.
Este post es para mi querida nieta Paula y para mi valiente hija Marielena.
¿Crees que existe un hilo que nos conecta a través del tiempo, que entreteje un evento con otro en sincronicidad perfecta?