Autobiografía
El veterano escritor había cosechado un gran éxito con su primera novela, La hora dorada. Tras aquel debut, su trayectoria no fue más que una sucesión de fracasos editoriales. Habiendo probado las mieles del éxito y la fama en los círculos literarios, no lograba resignarse a correr la misma suerte que tantos otros autores fracasados —o "autores de un solo éxito"—, así que siguió escribiendo, convencido de que su siguiente novela lo devolvería a la cima que había alcanzado con su primer libro. Con cada nuevo intento, se exigía más a sí mismo, mientras que, por desgracia, la desconfianza de las editoriales en él aumentaba cada día más. Sus amigos —personas también vinculadas al mundo de la escritura y el sector editorial—, que al principio lo habían animado a continuar, optaron por guardar silencio a medida que se acumulaban los fracasos. Más de uno llegó a decirle: "A veces es mejor ser recordado por un buen libro que por mil malos".
Tras cada fracaso, se juraba a sí mismo que lo dejaría, pero su vanidad y su sed de reconocimiento lo arrastraban inevitablemente de vuelta a su vieja máquina de escribir. En los encuentros literarios, presumía de estar trabajando en más de tres libros a la vez:
_Tengo tantas buenas ideas que es imposible que entren en un solo libro, declaraba con pretenciosidad ante su círculo de amigos, quienes bostezaban en cuanto él empezaba a hablar.
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Nadie sabe quién le dio la idea, o si fue su propio "yoísmo" lo que lo llevó a tal conclusión: sus lectores necesitaban saber cómo había sido su vida, cómo había llegado a convertirse en el gran autor de La hora dorada, un éxito de ventas galardonado internacionalmente.
Así pues, comenzó a relatar cada detalle de su existencia, desde su infancia hasta el descubrimiento de su talento. Sin embargo, a pesar de su entusiasmo inicial, se dio cuenta de que aquellas páginas carecían de acción, aventura y fuerza. No pudo evitar sentir una oleada de rabia al percatarse de que había llevado una vida tan insulsa, vacía y gris. Incluso, lamentó haber tenido unos padres presentes y respetuosos que apoyaron cada uno de sus pasos. Habría sido un éxito rotundo —reflexionó— si lo hubieran criado unos padres abusivos y maltratadores que hubieran convertido su infancia en un calvario. Si tan solo hubiera tenido problemas con la ley o hubiera luchado contra las drogas; si al menos hubiera sido un mujeriego, o tal vez hubiera ido a la guerra y perdido un pie, un ojo o alguna extremidad, sin duda sus lectores habrían quedado fascinados con su historia, y todos se habrían maravillado ante lo lejos que había llegado.
Por eso, cuando la policía lo interrogó tras descubrir varios cadáveres enterrados en el jardín de su casa, el anciano escritor admitió sin reparos haberlos matado, todo con el fin de hacer que su autobiografía fuera más interesante.
The old writer had enjoyed great success with his first novel, The Golden Hour. After that debut, his career was marked only by a string of publishing failures. Having once tasted success and fame within literary circles, he could not bring himself to accept the fate of so many other failed authors—or "one-hit wonders"—so he kept writing, convinced that his next novel would return him to the same heights his first book had reached. With each new attempt, he demanded more of himself, while, regrettably, publishers’ faith in him continued to wane. His friends—people also involved in writing and the publishing industry—had initially encouraged him to keep going; but, as the failures mounted, they chose to remain silent. More than one even told him, "Sometimes it’s better to be remembered for one good book than for a thousand bad ones."
After every failure, he would vow to stop, but his vanity and thirst for recognition would inevitably draw him back to his old typewriter. At literary gatherings, he would boast about working on more than three books at once:
"I have so many good ideas that it’s impossible to fit them all into a single book," he would declare pretentiously to his circle of friends—who would yawn the moment he began to speak.
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No one knows who gave him the idea, or whether it was his own egoism that led him to such a conclusion: his readers needed to know what his life had been like—how he had come to be the author of The Golden Hour, an international award-winning bestseller.
And so, he began to chronicle every detail of his life, from his childhood to the discovery of his talent. Yet, despite his initial enthusiasm, he realized that these pages lacked action, adventure, and vigor. He couldn't help but feel a surge of rage at having led such a dull, empty, and colorless life. He even lamented having had present, respectful parents who supported his every step. It would have been a resounding success, he mused, had he been raised by abusive, mistreating parents who had made his childhood miserable. If only he had run into trouble with the law or struggled with drugs—if he had at least been a womanizer, or perhaps gone to war and lost a foot, an eye, or a limb—surely his readers would have been fascinated by his story, and everyone would have marveled at how far he had come.
That is why, when the police interrogated him after discovering several corpses buried in his backyard, the old writer readily admitted that he had killed them—all to make his autobiography more interesting.