Don Zarigüeyo a capturado a Migajón, un ser de simpático color. Lo carga, lo acomoda, lo deja caer, lo alza de otra forma. Migajón no dice nada, su cuerpo está hecho de migajas, no le duele cuando de altas zonas lo lanzan, solo le molesta cuando le echan agua, porque sus boronas se dañan.
El marsupial llega a su guarida, vive en una caja sin compañía, sienta a Migajón sobre ella y balbucea ―llena la caja de galletas. El amigo de boronas suelta carcajadas, este hecho de migajas, pero no hace magia, ¿de donde va a sacar galletas?, si nunca ha tenido una completa.
Don Zarigüeyo empieza a llorar, a nadie le gusta ver lágrimas brotar, así que Migajón alza sus brazos y deja caer sobre él boronas de pan salado.
―No llores amigo, no todo está perdido, no tengo como convertir tu casa en una de migajas, pero puedo traer algo que arregle tu afligida mirada. Se aleja Migajón, dejando sentado al zarigüeyo en un sillón.
Horas después regresa, el marsupial sigue sentado con tristeza, Migajón lleva un globos grandes y de colores agradables. Decoran la cueva descolorida, ahora se ve más linda, de repente migajón hace los globos explotar y volando salen galletas sin cesar.
Ahora don Zarigüeyo, tiene galletas cubriendo su techo, espero su casa dure un par de días o más, porque desde aquel día solo se lo escucha galletas mascar.
Copyright © 2019 Margarita Palomino
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