La bolsita de té, siempre sale a las tres, camina por un rato para buscar una taza que sea de su agrado, nunca le han gustado las blancas, prefiere las que llevan color y una zarigüeya pintada.
Cuando su taza aparece, en ella se acomoda, no le gusta hacerse muy arriba, porque flotará con el agua tibia y en la parte intermedia, se moverá de fuerte manera, por eso va hasta el fondo, donde se acomoda su cuerpo rechoncho.
Espera y espera, a las cuatro empieza la chifladera “Shii-Shii”, el agua caliente se acerca, es tiempo del lavado del té en la taza bella. Se baña emocionada, nada como pez dorado en aguas claras, deja salir la mugre que la acompaña y cuando se cansa, sobre el borde se desparrama.
Una servilleta la espera para darle abrigo, es que hace frío, se seca y a su caja regresa, donde un sofá la espera.