La carrera|Narrativa [ES]

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(Foto de apoyo creada con Gemini Ai)

Es un bello y caluroso día en Alariawanawa Abajo…como casi todos los días, sólo que la gente está demasiado ocupada sobreviviendo como para percatarse. En el estadio “Memorial Benancio la Mula” vuelve a haber algarabía tras el incidente de la semana pasada. El sano y habitual tumulto con matazón y machetazos incidentales vuelve a llenar las gradas confeccionadas con madera podrida y laticas contrachapadas. Sin embargo, se nota que el estadio ha crecido un poco, como si se hubiera zampado parte de las edificaciones colindantes.
—¡Muuuuy buenos días tengan todos, señoras, señores, monstruos y bichos equivalentes!—rugieron los acostumbrados altoparlantes a medio remendar, a los que se sumaban unos cuantos más de reciente añadido, uno de ellos aún con una mano engarfiada alrededor del borde del cajón—. Sean bienvenidos a la carrera anual de los cien metros con obstáculos de Gao Rear de Salsipueés, celebrada en el céntrico estadio “Memorial Benancio la Mula” y narrado con voz y estilo de Gumersindo Ramírez Okula, ¡Laaaaaaa Bocuuuuúaaaaa!...
—Gracias Felito, y bienvenido a este nuevo espectáculo. En esta ocasion, los competidores —y el público; por allá veo el bastón de Kiko Rompepatas del año antespasao— parecen bastante más motivados que el año anterior, señoras y señores. Quizás tenga que ver con el premio que se otorga al ganador de la carrera, que está más nutritivo este año. ¡Y aquí salen los competidores, señoras y señores! ¡Un aplauso, que se oiga!
Los aplausos y gritos de la multitud casi hacen destrozarse el racimo informe de bocinas, que se sacudieron como latas en un ciclón.
—…niente de Matawanes del Jiquí, llega por primera vez a la carrera de la capital Cuca la Ciguata. Campeona por dos años de la versión local de su carrera con obstáculos, ha logrado sobrevivir hasta estas alturas con una mezcla de valor, ingenio y sus agujas de tejer clavadas en los ojos de todo el que la ha intentado detener. ¡Démosle un aplauso, señoras y señores!
El atronador aplauso hizo menearse las gradas de un lado a otro.
—Y ahí viene la leyenda de Barrio Raspadura, Gregorio Casimba. Ganador del último rally de chivichana extrema, ha querido probar suerte en este espectáculo. ¿Por cierto, Boku, de dónde viene la tradición de la carrera anual en la ciudad?
—Con la entrada de Fefa Dienteflojo, se llena el carril tres, señoras y señores. Felito, te diré que el origen de la carrera anual de Gao Rear de Salsipueés no es otro que una graciecita de un par de borrachos del mítico bar “La Kuaracha”, Chicho la Chiva y Damián la Cuereá, a quienes les pareció desternillante ver un par de ancianos dándose empujones por alcanzar un puestito de periódicos. Tanto le gustó al rey de aquella época, Rasca el Mirón, que aquella primera carrera con cuatro viejos cerreros cazados por las calles de la ciudad se hizo oficial. Desde entonces, todos los ancianos que desean mostrar —y demostrar— que aún valen como ciudadanos y no como carne en palo que aún camina participan en la carrera. Y si no lo hacen…participan igual. La guardia de palacio se encarga de ello.
Como respuesta, un par de ancianitos, que en las pancartas que iban poniendo un par de duendecillos encargados del marcador de posiciones se leía eran Erminio Catinga y Chacho Culín, fueron empujados brutalmente por dos enormes soldados vestidos con armaduras de latón corrugado a la pista de tierra colorada marcada con cascarilla caducada mezclada con sal que se usaba para encerrar gente ensatanada. La mitad de los viejos tenía alguna clase de entidad demoníaca dentro, así que era hasta bueno que tuvieran esa protección.
—Y con Erminia Cuñones y su silla con ruedas de carreta se terminan las ocho posiciones a llenar de la pista—dijo La Bokúa, pasando un redoble de tambores. De los costados de la pista emergieron varios magos turalios, que alzaron varitas, báculos, destapacaños, hisopos con mierda, revistas nopor arrugadas o lo que usaran para crear su magia, y levantaron las “inocentes” vallas que iban a entorpecer el paso de los corredores —o conductores, en el caso de Erminia—. Preparadas entonces las condiciones del evento…¡en sus marcas, listos, fuera!
Un hombre con un pullover todo agujereado que decía “Jues be mEtA” levantó un artefacto al aire, compuesto por un duendecillo amarrado con cara de pocos amigos, y apretó un gatillo. Un martillo salió disparado de una cajita bajo el duende, estellándose contra las bolas de este y haciéndolo soltar un chillido de "¡Ay, pin*a!" que sonó como un disparo.
—¡Y aaaarrancan! Gervasio toma la delantera, con su bastón de jiquí fosilizado con dos perros salchichas de potencia que lo mueven a unos notables cinco centímetros por segundo. Erminia aún se tiene que percatar que el grito de niñita pija del duende era la señal de salida. A Cuca se le han caído los dientes a un lado y ha tenido que ir a buscarlos…
—¡Esh ke shin osh ientesh me veio fffea!—se sintió la vocecilla cascada de la horrorosa anciana mientras retrocedía buscando sus planchas perdidas.
—Los demás corredores han adelantado un poco, y ya Fefa está llegándo al primer obstáculo…¡que se desenrosca como robot tranformer y le suena un buen mazazo que la ha dejao tiesa. ¡Esa vieja no coje retiro este meeees, señoras y señores!
Pasando junto al reguero de tripas en que ha quedado convertida Fefa, Gregorio detiene con su bastón el brutal mazazo del lucero del alba trucado que formaba parte de su primer obstáculo. Los demás más o menos lo superan, aunque Erminia tuvo que perder la parte donde iba la sonda de su silla.
—Y raudos y veloces, los competidores se dirigen al segundo obstáculo. Parece que han bajado un poco la velocidad, algo usual en todas las competencias.
Al llegar al obstáculo, uno de los ancianos se acercó primero, excéptico…para ser saludado por la cara de un perro de peluche que le estampó una alegre lenguetada en el rostro. El ancianito quedó espectante, esperando que fuera algo mortal, pero sólo era un pulgoso bastante convincente que…
—¡Guardia de palacio!—se sintió el grito con fuerte acento del este, justo antes de que cuatro soldados le cayeran encima y lo molieran a palos para luego llevárselo por una pierna fuera del estadio.
—¡Uy! Eeesa no la vio venir, señoras y señores. Recuerden; los obstáculos pueden ser cualquier cosa, y están para obstaculizar, claro está. Como la gente vio muy aburrido que los ancianitos sólo tuvieran que saltar unas vallas que no hacían nada, se decidió crear un concurso donde se elegían los obstáculos de un sorteo. Esta vez, parece que alguien pidió una ejecución bastante convincente del estatuto 4 circular 82, sector 386, “sobre el contacto, tráfico, y uso de caninos mayores en el reino” de la constitución de Alariawanawa. ¡Un aplauso para la guardia de palacio, que se oiga!
Nadie aplaudió. De hecho, pasaron cinco larguísimos segundos de silencio hasta que fue roto por la carrera que aún continuaba. Por supuesto, los demás ancianos evitaron tocar la cabeza de perro por su bien.
El resto de la carrera transcurrió como solía ocurrir todo en Alariawanawa: muerte, masacre y algún que otro alarido antes de que llegaran los paramédicos a llevarse lo que aún fuera comestible a las cocinas. Tras unas cuantas trampas explosivas, decapitaciones y cogidas pal relajo de los obstáculos, sólo quedaban en la competencia Cuca, que ya había vuelto a tomar ventaja, y Gregorio, que parecía inmune a aquellas máquinas infernales.
—¡Qué emocionante, señoras y señores! ¡Los favoritos aún siguen con vid…¡ujúm!, que diga, en la carrera! Ambos van acercándose al último obstáculo, que aún no se sabe que cosa macabra es. ¡Los entrenadores de Cuca han sacado su arma secreta: el papel de baño! Según tengo entendido, antes de cada carrera, el equipo de Cuca le da un fortísimo laxante y luego sacan un rollo de papel o un periódico viejo y lo agitan delante de su competidora, lo que suele aumentar exponencialmente su velocidad varios cientos de kilómetros por segundo. ¡Jamás se ha cagao en la pista, señoras y señores!
Gregorio no se queda atrás, ¡y convierte su bastón con lo que creíamos eran cuatro bolas en una carriola! El ancianito ha sacado unos gemelos de infarto y avanza a toda velocidad, logrando empatar con la atormentada Cuca, que aumenta la velocidad al ver dos rollos de papel y un periódico estrujado. ¡Esto es lo máximo, señoras y señores! Y ahí viene el último obstáculo…¡que es un inodoro volador!
Haciendo una pirueta para esquivar el suyo, Gregorio logró avanzar. Cuca, por desgracia, no sólo se hizo encima al ver el mueble sanitario venir hacia ella; literalmente, el váter supersónico la convirtió en en un denso picadillo que salpicó hasta las paredes invisibles que separaban los carriles.
—¡Y Gregorio alcanza la victoria por K.O.! Nuestro ganador entonces continúa, para recibir su premio: una edición especial de “La Mentira Mañanera”, con seccion de muñequitos y deportes incluida.
Llegando a un puestecito de periódicos justo al final de la pista, el ancianito medio desbaratado pide uno, se lo pone debajo del brazo…y arranca a correr hacia la salida más cercana como si la vida le fuera en ello.
—¡No me van a agarrar otra vez, sucios realistas! ¡Muerte a la corona!—chilló, sacando su carriola y poniendo pies en polvorosa ante la mirada atónita del público.
—Err…—dijeron los altavoces—. Parece que nuestra estrella es un poco…antimonárquica. ¡Muy bien, chicos! ¡Ya saben que hacer!
—¡MUERTE A LA CARNE RUSAAAAAA!—gritó el anciano, perdiéndose de vista perseguido por una turba de guardias de palacio casi tan grande como las usuales turbas civiles.
—Y con esto, señoras y señores, termina el evento de hoy. Tirele piedras al vecino, pelee con el de más abajo y cómase una rica caldosa cortesía de Doña Cuca, que en paz descanse en nuestras pancitas. ¡Hasta la próxima!
Fin.

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