(Foto creada con Gemini AI)
Universo U-333, siglo 428 DFU (después de la Fundación de la Unión, marco usado a falta de referencias terrestres).
En este "futuro lejano", con la tecnología FTL casi al alcance de todas las especies, que atraviesan el espacio como mismo los aviones o los barcos atraviesan los cielos y el mar, una tripulación de mineros independientes se dispone a marchar a su trabajo como todos los días. Aunque existen muchas especies y todas tienen una forma distinta de resolver los problemas, usaremos de referencia a un grupo de humanos, especie de "clase media" de la galaxia y mucho más familiares para el lector que los semidivinos miembros de algunas especies de alto nivel. La "clase media" (así llamada porque básicamente existen como cultura gracias a que se han aliado con especies poderosas o sobreviven sin destacar demasiado) es capaz de desarrollar sus propias naves, pero sus sistemas y economía son limitados, dependen del comercio con razas media-alta como los ulurianos o alta como los yrissianos y otras especies a su nivel de otras galaxias, y normalmente viven de "carroñear" en los combates entre los pesos pesados o colaborar y llevarse de botín algo jugoso para hacerle ingeniería inversa que los de alta les ceden porque ya tienen algo mejor. En este universo, nuestra especie entra en este grupo. No es que no tengan naves magníficas o armas potentes; es que son tan raras, complejas y valiosas que en un enfrentamiento contra los pesos pesados sería como usar un solo fusil de francotirador contra un batallón armado con rifles de asalto sin cobertura.
Nuestra tripulación independiente, por supuesto, está nucleada alrededor de su nave, fuente de ingresos, corazón de su economía y a veces hasta una segunda casa; vivir en "autocaravanas" es bastante común por aquí, sobre todo en la galaxia elíptica de Dhermia, donde un imperio biotecnológico de nivel alto se la tiene jurada a todo lo que huela a colono. De aspecto modular, como casi todas en los Dominios Humanos, es bastante básica: una cabina, un lounge-cocina-sala de recreo, camarotes modulares(normalmente desechables), automed (compartimento robotizado para administrar medicamentos o dar primeros auxilios a falta de un médico), varios motores para desplazamiento sub-luz, un carísimo Hipermotor de Zona Dinámica (dispositivo FTL) de tipo HiperSpaceJump o HSJ para los viajes entre sistemas estelares y una bodega desmontable con una pequeña lanzadera atmosférica. A diferencia de la imagen que se tiene de los vehículos ordinarios, esta clase de naves carece del todo de ventanales o más casco que el de los módulos, y sus viajes duran más debido a la lentitud con la que algunas descienden o se elevan de los planetas. En Dhermia, por otro lado, estas naves sí que tienen casco aerodinámico, pues sus tripulaciones pasan mucho tiempo encerrados en ellas y se les suele equipar para descender rápidamente, pues la mayoría o son piratas o necesitan esconderse del imperio local lo más rápido posible.
Pero la que nos ocupa es el típico modelo construido en el espacio que no ve tierra firme en toda su vida útil. Sus tripulantes usan monos con cierres inteligentes, cascos blindados, botas adaptativas con suela magnética y guantes. Algunos o casi todos poseen también eco-belts, creados unos 3 siglos antes y casi con la misma edad, de seguro heredados de algún ancestro, pues en los Dominios Humanos son raros y valiosos. Se comunican a través de complejos implantes subvocales, accesibles gracias a que alguna tecnología de los grandes comerciantes xenos los hizo tan baratos que su precio da risa. Esos mismos implantes controlan interfaces, dan información y en general hacen más fácil la vida de los viajeros. La nave y la estación de la que cuelga sobre el vacío huele a una mezcla del desinfectante que usan todas las estaciones orbitales, a ozono, metal quemado, pies, amoníaco y alguna que otra nota dulce disonante producto de los fluidos corporales de al menos una docena y algo de especies habituales del lugar. No se llega a ella mediante un elevador orbital; eso es de bárbaros y tardarían un tiempo precioso. Por ello se usa un portal, comprado a precio de aurantio por la colonia, y que aunque gasta bastante en charonita cristalina ellos se pueden permitir; el planeta donde viven, ubicado en un sistema rico en este combustible, hace casi despreciable s consumo por parte del medio de transporte más importante de los alrededores. La propia charonita fue una de las dos razones por la que los pioneros canjearon con los yrissianos su viejo cinturón de asteroides rico en menas unas décadas atrás. La otra, por supuesto (y a pesar de su lejanía de los sistemas síncronos con el tiempo unificado) era el bonito mundo vergel casi 100% idóneo para la vida humana que aquella estrellita amarilla tenía orbitando en su zona de Ricitos de Oro. A los rojizos no les interesaba (demasiado cálido y pqueño para ellos), así que lo pusieron en su tabla de canjes, donde 13 familias que malvivían de la minería en su cochambroso cinturón de detritos juntaron todo lo que tenían para comprarlo. Actualmente, unas 24 naves más comparten dique con nuestra nave... aunque no todos los diques están ocupados. Jamás lo están; los habitantes capaces de manejar una nave de la floreciente colonia siempre andan de viaje a los sistemas cercanos o mercadeando por territorio cercano de otras especies, pues el comercio no se puede detener, y los diques vacíos reciben visitas bastante deseables que nadie hubiera podido esperar en el viejo cinturón minero. Porque, en este universo enorme, la zona donde está Nuevo Hogar-32 (no eran muy imaginativos los primeros colonos, xD) colinda con las áreas de influencia de las dos razas xenos que más hacen brillar de codicia los ojitos de nuestros humanos. No los policías rojos, por supuesto; esos están donde sea y normalmente comercian con planetas y cosas maastróficas. Son la Policía, a fin de cuentas. Y a los locales, siempre necesitados de insumos básicos, no hay nada que les alegre más el día que ver en su estación un par de naves xeno como las que flotan perezosamente al final y en medio del espigón donde está su propia y maltratada bartavia. La más cercana, toda curvas suaves, dibujitos por todos lados que le hacen parecer un graffiti móvil de temática hindú y diseño característico que grita "SOY ALIEN" a los cuatro vientos, no es otra que un carguero de cabotaje uluriano. Sus enormes tripulantes, el doble de altos que un humano y dotados de cuatro brazos, descargan su mercancía usando "cajitas" primorosamente decoradas con colores vibrantes, que se acumulan como una montaña de extraños cuadros cúbicos hechos por un pintor loco pero genial. Más lejos, en la punta misma del muelle y como no queriendo mezclarse con la gentuza, un gran cubo de bronce pulido cuya superficie se interrumpe por aquí y por allá con ventanillas verdes también cuadradas flota con parsimonia entre el verdadero nubarrón que forman sus drones de servicio. Un cuboide de comercio braniano, seguramente contratado por la familia Aranda, quienes nuestros tripulantes saben bastante adeptos a los maquiavélicos y naranjas aliens cabeza-de-bombillo. En comparación, los ulurianos son como cachorrillos amistosos; atentos, serviciales, siempre intentando mezclarse con los humanos y sin parar jamás de hacer algo bello con sus cuatro manos armadas de garras. Algunos de la tripulación creen que el universo se equivocó dándoles aspecto a esos dos tipos de bicho. El físico demoníaco de los ulurianos (demoníaco en serio, pues poseen hasta cuernos y dientes afilados) vendría de perlas para los sobrios y un poco bastante orgullosos branianos, que contemplan a todas las demás especies como si fueran un naturalista victoriano de los más ríspidos ante una pandilla de monos pulgosos. Es por eso que el único braniano en todo el muelle debe estar encerrado al centro del enorme cubo de bronce: no resisten siquiera estar en el mismo espacio que los humanos, muy a pesar de ser una especie de incómodos aliados.
Pero nuestros chicos no pueden quedarse a ver a los aliens hacer sus tareas: el trabajo llama. Y montando en su nave, la despegan del espigón, se alejan por entre una flotilla de cápsulas mineras que regresan junto con su gabarra de carga de las minas de charonita en la nube de Oort del sistema y, activando el hipermotor, se lanzan a su nuevo destino: una luna volcánica que orbita un lejano sol rojo, asquerosamente rica en diamantes. En unos días, un grupo de comerciantes diyiroi que se encuentran en camino a la estación van a salir más pesado y felices, dejándose una buena cantidad de créditos para nuestros esforzados mineros.
Pero eso es otra historia, queridos lectores.