La danza de las libélulas
El jardín se ha llenado de libélulas y sus alas despiden destellos al sol adormecido por las nubes; recuerdo que de niño cuando se metía alguna en casa, mamá decía que anunciaba la llegada de un visitante (cosas de gente mayor). Me gusta verlas danzar sobre la maleza que se ha expandido a costa de la lluvia, ver como describen círculos y coreografías que me hipnotizan lentamente.
Me pierdo en los recuerdos de mi infancia, en el sonido de las cocoras que anuncian un nuevo chaparrón, en el olor de mi infusión de manzanilla y sobre todo en el efecto del ansiolítico que me he autorecetado para combatir el dolor en mi pecho.
Estoy solo, con mi taza de te y mis recuerdos; ignorando el mundo que se cae a pedazos detrás de esa puerta que me separa de la realidad; imaginando que atravieso el jardín como una libélula, como una mariposa y que me alejo para descubrir un mundo nuevo; un mundo donde tu no te has ido.