Si el abuelo sabía que yo me quedaría a comer mandaba a comprar un platanito y si lo sabía con anticipación, entonces ponía a remojar las caraotas. La abuelita tenía listo mi plato de pabellón para cuándo yo llegaba del liceo y eso me alegraba el corazón. Es imposible que yo coma este platillo sin pensar en ellos.
Mamá me hizo el fin de semana este delicioso platillo que nos recuerda al calor de nuestra Venezuela y aunque los sabores no son los mismos, pues hemos aprendido a sustituir ingredientes, sigue llevando el sabor de momentos especiales, de tradición y de familia.
Hay comidas que calientan el cuerpo y comidas que calientan el corazón, que lo abrazan y que recuerdan que lo especial e importante es tejer recuerdos e historias con las personas que amas.
Hay platillos que cuando los preparas sientan contigo a la mesa a personas que están lejos (o que ya no estarán) y agradeces por los momentos vividos mientras creas nuevos recuerdos para el futuro.
Feliz inicio de semana 💖
Imágenes de mi propiedad