Para la mayoría, es solo un par de calcetines de algodón blanco un poco estirados. Pero para mí, este par que ves en la foto, es el talismán más poderoso del mundo. Es mi cábala innegociable.
Todo empezó hace dos mundiales, en un partido de fase de grupos que pintaba fatal. Estábamos perdiendo, el ambiente en casa era un cementerio y yo estaba a punto de rendirme. Por alguna razón, mientras buscaba un control remoto perdido entre los cojines del sofá, toqué estas medias que me habían regalado y nunca había usado. Me las puse. No pasaron cinco minutos cuando escuché el primer grito de gol. Luego otro. Ganamos.
Desde ese día, se convirtieron en un ritual sagrado.
Cada vez que juega la selección, mi ritual comienza media hora antes del pitido inicial. Abro mi cajón especial, el "cajón de las victorias". Saco las medias, las estiro con cuidado sobre la cama para que la imagen de Messi, con su barba y la franja albiceleste desvanecida, quede perfecta, tal como está en la foto. Y lo más importante: me aseguro de ponerme la media que tiene el escudo de la AFA en el pie derecho. Siempre en el derecho primero. Es ley.
Tienen que estar puestas durante los noventa minutos, o más si hay prórroga. No me las puedo quitar, no importa el calor. Una vez, en un partido agónico contra Países Bajos, casi me arruino la cábala por el nerviosismo, pero aguanté con las medias puestas y, en los penales, el Dibu nos salvó. Creo que estas medias tienen un pedacito de esa suerte.
Y sí, el diseño de la barba de Messi en las medias me recuerda que, a pesar de los años y de las cicatrices, él sigue ahí, dándolo todo. La gente me dice que es pura superstición, que un par de calcetines no puede cambiar un partido a miles de kilómetros. Pero yo sé la verdad. Cuando me las pongo, me siento más cerca del equipo, y mientras tenga estas medias, siento que no podemos perder. Es mi pequeña contribución al sueño de todos. Y hoy, vuelve a jugar la selección. Ya sé lo que tengo que hacer.
Foto(s) tomada(s) con mi smartphone Samsung Galaxy S22 Ultra.