Bajo los ojos al reloj y mi corazón se acelera, con tanta fuerza que retumba en mis sienes. Vuelvo a mirar y no logro reprimir la risa. ¿Qué hago?, me pregunto. Parezco una chiquilla ingenua en espera de algún dulce. ¿A quién le importa?... Me encanta sentir una y otra vez esta emoción.
Sudorosa me siento en la poltrona, miro las manecillas y comienzo a contar cada segundo. Con esmerada atención voy repitiendo… uno…dos…tres… Me es imposible despegar la vista de la reluciente pantallita. Miro y miro la delgada aguja tratando de acelerar con los ojos ese ritmo exasperante, pero nada…, el lento segundero permanece imperturbable, completamente ajeno a mi necesidad…, empeñado en mantener su ritmo de plomo. ¡Qué lenta es la marcha del tiempo cuando se espera con ansia…!
Entro al tocador y me miro en el espejo. Los plateados tonos en la raíz de mi cabello dejan libre una avalancha de recuerdos. ¿Cuántos años han pasado ya desde aquel día…? Me reencuentro en mi reflejo y me lleno de energía, me veo fresca, radiante…expectante…
Apurada regreso a la habitación, miro de nuevo el obstinado reloj. ¡Ahora sí! ¡Ahora sí se acerca el momento acordado! Presa de una gran expectativa me acerco a la ventana, fijo la mirada en el balcón. En cualquier momento sé que aparecerás. ¿O quizás no…?
Han pasado casi cuarenta años desde aquella travesura nuestra, aunque debo reconocer que fue una gran idea tuya. El día de nuestra noche de bodas se te ocurrió que hiciéramos algo distinto, especial. Me indicaste que te esperara en la habitación y tú te colarías por el balcón. Así, al estilo antiguo, cómo en las viejas películas románticas, dijiste. Siempre has sido un romántico empedernido. En aquella oportunidad la peripecia no te fue difícil, claro, para entonces eras joven, fuerte y lleno de vitalidad. Los dos metros que separaban el balcón del borde de la calzada, los subiste como si nada.
Ahora, a tus setenta años no estoy segura que lo puedas lograr de nuevo, pero eres travieso. Cuando se acercaba la fecha de nuestro aniversario, dijiste que íbamos a celebrar estos cuarenta años de matrimonio como el primer día de boda. Me indicaste que no me preocupara, qué tú lo resolverías, qué me quedara quieta en la habitación. Y aquí estoy, muerta de ansiedad…, esperando verte aparecer en algún momento por la esquina del balcón…
Este texto surgió como respuesta a una sugerencia de un amigo, un gran fotógrafo, @monster-one. En un comentario a una reciente publicación él me dejó estas palabras: La primera fotografía se me hace enigmática, me gusta y me hace pensar toda un historia en mi mente, quisiera saber quién se esconde del lado izquierdo? Queriendose acercar al balcón para ver el horizonte, al infinito. Pero, porqué no lo hace? Aquí dejo libre el inicio de una historia...
Bueno, @monster-one, aquí está la historia. Espero sea de tu agrado.
Gracias por su tiempo.
Todos tus comentarios son bienvenidos en este sitio. Los leeré con gusto y dedicación.
Hasta una próxima entrega. Gracias.
Las fotos, la edición digital y los Gifs son de mi autoría.