Queridos amigos, siempre llego a este hogar que es @Holos-Lotus, con el corazón feliz. Hace unos dias me dijo una amiga que todo lo que ve lo piensa como un post. Y es que vamos creando un habito sano de compartir saberes en #Hive.
Hoy vengo a comentarles que a veces me sorprende porque elijo pareja similares a mi padre (se deduce que es en plural pero no es el tema). Supongo que los hombres buscan en sus esposas aquellas virtudes que una vez vieron en su madre. Y no sólo en cuestiones subjetivas sino en rasgos físicos.
Desde que tengo memoria, mi padre ha sido una figura importante en mi vida. Aún con defectos y desapegos tuve claro que era mi único padre. Los años que viví junto a él fueron plenos y felices. No solo por su presencia física, sino por la manera en que moldeó mi comportamiento y patrones morales.
Con el tiempo, me he dado cuenta de que muchas de las cualidades que busco en mis parejas no son fruto del azar, sino ecos de él: su estatura más baja que la mía, su manera ágil y resolutiva de enfrentar el día, esa firmeza casi inflexible al decir hay que hacer las cosas bien. Y aunque nunca me lo propuse, cada hombre que ha pasado por mi vida ha llevado, en mayor o menor medida, algún rasgo suyo.
Hace unos dias propuse la iniciativa #8 sobre Los celos, y en ese aspecto, me pregunté que por qué mi ex esposo era tan parecido a mi padre. Celos enfermizos que llegaban al absurdo, incluso con modos similares. Sin embargo miraba su comportamiento con sus hijas y deseaba tener un padre asi, cariñoso y protector.
Dicen que nuestros padres son nuestro primer modelo de relación, el espejo donde aprendemos qué es el cariño, la protección, la autoridad e incluso los defectos que estamos dispuestos a tolerar. En mi caso, mi padre no era un hombre de grandes demostraciones afectivas, pero su amor se manifestaba en actos concretos. Mi padre pelaba la caña y la troceaba para facilitarnos la degustación, renunciaba a la carne favorita para que alcanzaremos los seis hijos. Trabajaba de sol a sol para que no nos faltara la comida.
Esa mezcla de fortaleza y silencio se convirtió, sin que yo lo notara, en un patrón que empezaría a buscar en otros. Mi primer novio, por ejemplo, era bajo de estatura. Actualmente mi pareja es un poco más bajo, como mi padre y prefiere solucionar antes que hablar.
No es casualidad que nos sintamos cómodos con lo conocido. La psicología lo explica como una tendencia a repetir dinámicas familiares, incluso cuando estas no son del todo sanas. Quizas @neuropoeta pueda dedicarnos un espacio de su Bitacora a este tema o
@psicologopoeta y
@roswelborges puedan iluminarnos desde la ciencia. En mi caso, no se trata de algo negativo, sino de una búsqueda inconsciente de aquello que me hacía sentir segura.
Al principio, no le di importancia a estos detalles hasta que una amiga me lo señaló.
Además de lo físico, estaba su forma de ser. Mi padre era un hombre de principios, con una ética inquebrantable. Las cosas se hacen bien o no se hacen, repetía. Y aunque de niña me parecía rígido, con el tiempo valoré esa coherencia. No es de extrañar, entonces, que me sintiera decepcionada cuando alguna pareja mostraba indecisión o falta de compromiso. Sin darme cuenta, los medía con el mismo rasero con el que medía mi padre a los demás.
La pregunta que me persigue es: ¿si es algo deliberado?. La respuesta está en la necesidad de recrear lo que ya amamos, esa primera figura que nos enseñó lo que era sentirse queridos y que, de alguna manera, marca nuestro mapa afectivo. Incluso cuando una relación termina, vuelvo a buscar a alguien con características similares, como si en ellas estuviera la clave para evitar el dolor.
Sin embargo, con el tiempo entendí que no se trataba solo de repetir, sino de sanar. Hubo un momento en que me pregunté si estaba eligiendo por genuino deseo o por costumbre. Y ahí comenzó un viaje más consciente: reconocer qué aspectos de mi padre valoro y cuáles, quizá, necesito soltar.
Hoy sé que no busco a mi padre en mis parejas, sino aquellas partes de él que me hicieron sentir segura. Pero también aprendí que el amor no debe ser una réplica exacta de lo que conocimos. Hay espacio para lo nuevo, para lo inesperado.
❗Feliz Aniversario @Holos-Lotus❗
Gracias por visitar mi blog. Soy crítica de arte, investigadora social y amante de la cocina. Te invito a conocer más de mí, de mi país y de mis letras. Texto y fotos de mi propiedad y de Pixabay.
Footprints on the Unconscious
Dear friends,
I always arrive at this home that is @Holos-Lotus with a happy heart. A few days ago, a friend told me that she now sees everything as potential post material. And it’s true—we’ve cultivated a healthy habit of sharing wisdom on #Hive.
Today, I want to reflect on something that surprises me: why do I often choose partners who resemble my father? (Note: The plural hints at a pattern, but that’s not the focus here.) I suppose men, too, seek in their wives the virtues they once saw in their mothers—not just in subjective traits but even physical ones.
For as long as I can remember, my father has been a pivotal figure in my life. Despite his flaws and emotional distance, I always knew he was my one and only father. The years I lived with him were full and joyful, not just because of his presence but because of how he shaped my behavior and moral compass.
Over time, I’ve realized that many qualities I seek in partners aren’t random but echoes of him: his shorter stature, his agile and decisive approach to daily life, that almost inflexible firmness when he’d say, "Things must be done right." Without ever intending it, every man in my life has carried some trace of him.
A few days ago, I proposed initiative #8 about Jealousy, and in that regard, I wondered why my ex-husband was so similar to my father. Sickening jealousy that reached absurd levels, even with similar behaviors. However, I watched how he acted with his daughters and wished I had a father like that—affectionate and protective.
They say our parents are our first model for relationships—the mirror where we learn about love, protection, authority, and even the flaws we’re willing to tolerate. In my case, my father wasn’t one for grand displays of affection, but his love showed in tangible acts. He’d peel and chop sugarcane to make it easier for us to enjoy, give up his favorite meat so his six children could have enough, and work dawn to dusk to put food on the table.
That blend of strength and silence became, without my realizing it, a pattern I’d seek in others. My first boyfriend, for example, was shorter in stature. Now, my current partner is also slightly shorter. Like my father, he prefers solving problems over talking about them.
It’s no coincidence that we feel comfortable with the familiar. Psychology explains this as a tendency to repeat family dynamics—even when they’re not entirely healthy. Perhaps @neuropoeta could dedicate a section of his Bitácora to this topic our
@psicologopoeta
@roswelborges Can science help us. In my case, it wasn’t negative but an unconscious search for what once made me feel safe.
At first, I didn’t notice these details until a friend pointed them out.
Beyond physical traits, it was his way of being. My father was a man of principles, with unshakable ethics. "Things must be done well or not at all," he’d repeat. Though it seemed rigid to me as a child, I later valued that consistency. No wonder I felt disappointed when a partner showed indecision or lack of commitment. Unconsciously, I measured them by the same standards my father used for others.
The question that haunts me: Is this deliberate? The answer lies in our need to recreate what we’ve already loved—that first figure who taught us what it meant to feel cherished and, in doing so, shaped our emotional map. Even after a relationship ends, I find myself drawn to similar traits, as if they held the key to avoiding pain.
Yet with time, I understood this wasn’t just about repetition but healing. There came a moment when I asked myself: Am I choosing out of genuine desire or habit? That’s when a more conscious journey began: recognizing which aspects of my father I truly value and which I might need to release.
Today, I know I’m not seeking my father in my partners but the parts of him that made me feel secure. But I’ve also learned that love doesn’t have to be an exact replica of what we knew. There’s room for the new, for the unexpected.
** Happy Anniversary, @Holos-Lotus **
Thank you for visiting my blog. I’m an art critic, social researcher, and lover of cuisine. I invite you to learn more about me, my country, and my words. Text and photos are my own or sourced from Pixabay.