Queridos amigos de esta comunidad @Holos-Lotus, no creo dependencia de lo que me rodea, pero si algo es imprescindible para mi desarrollo personal y/o equilibrio emocional es el afecto.
Hay cosas en la vida que no pueden pesarse, ni medirse, ni encerrarse en cifras. El afecto es una de ellas. Es intangible, pero su ausencia deja un vacío tan concreto como un hueso roto y eso lo he sentido por la partida de muchos amigos a otras tierras.
Sin mis amigas, mi último cumpleaños habría sido un día más en el calendario, una fecha sin resonancia, como un pastel sin velas, como una canción cantada a media voz. Y a proposito se me olvidó encender las velas con el numero 56, pero no faltó el brillo en los rostros de mis amigos.
Ellos llegaron con risas, con abrazos, con regalos cargados de significado y con parte del brindis. El brindis fue la mejor mueestra de cuanto puede hacer el afecto en un pais donde todo falta. Ellos convirtieron lo ordinario en memoria.
En mi mesa de cumpleaños dispuesta por Lulu quien ademas hizo los pasteles, hubo ensalada fria, aliñao, whisky, pizza, cerveza, rollitos de vegetales y por esta receta de rollitos mi amiga Olguita se agencio la prefererencia de los invitados.
La amistad es ese arte invisible que teje redes bajo la piel. No se trata de grandiosidad, sino de constancia: el café compartido de Ormany, los cientos de mensajes y conentarios en redes sociales.
Los amigos son los testigos no oficiales de nuestra vida, los que recogen las versiones de nosotros mismos que el tiempo se lleva. Ellos no aman por obligación, como a veces sucede en la familia, sino por elección. Y ahí radica su poder: en que están porque quieren estar.
Tuve la grata presencia de @maylink,
@daddyvaldez y su pequeña Rocio que al dia siguiente cumplió años.
Hay una paradoja en el afecto verdadero: mientras más lo damos, más nos llena. Mis amigos me han enseñado eso desde cualquier parte del mundo. Recuerdo una tarde particularmente gris, en la que el mundo parecía empeñado en recordarme mis fracasos. No dije nada, pero uno de ellos apareció en mi puerta con una botella de Tekila y dos limones. "Vas a reir de a porque sí", dijo.
No hubo sermones, ni soluciones mágicas, solo compañía y esa no me falta nunca. Ese gesto, pequeño en apariencia, fue y es un bálsamo. El afecto no siempre grita; a veces susurra, y en ese susurro encuentra su fuerza.
Los amigos son también espejos incómodos. Nos devuelven la imagen que a veces evitamos mirar, la de nuestra vulnerabilidad. En una sociedad marcada hasta por la carencia afectiva, admitir que necesitamos a otros puede parecer una debilidad.
Mis amigos han sido mis cómplices en el arte de caer y levantarme. No me han dado respuestas, pero me han acompañado en las preguntas.
Sin embargo, la amistad no es inmune al desgaste. El tiempo, las distancias, los malentendidos, a veces erosionan lo que parecía inquebrantable. Pero incluso en esas fisuras, el afecto puede resurgir.
En un mundo hiperconectado pero emocionalmente fragmentado, los amigos son antídotos contra la soledad moderna. No importa si son tres o diez; lo esencial es que sean aquellos con los que puedes ser exactamente quien eres, sin filtros ni pretensiones.
Me sentí hermosa con los colores de la blusa regalada por Tony y Ana, por el jeans regalado por Yisy. Por ellos, mis amigos, mi felicidad se multiplica y la tristeza se divide.
Ellos son la luz que encienden los cumpleaños, pero también la linterna en los días oscuros. Al final, el afecto de los amigos no se mide en grandiosos actos, sino en la acumulación de instantes mínimos.
Sin ellos, la vida no sería apagada solo en los cumpleaños, sino en todos los días que, sin su presencia, perderían textura y color.
Porque el amor de los amigos no se declama, se vive. Y en ese vivir cotidiano, se convierte en el sostén que, aunque no siempre veamos, siempre está ahí, al alcance de un beso.
Gracias por visitar mi blog, soy Critica de arte e Investigadora Social, amante de la cocina. Te invito a conocer más de mi, de mi país y de lo que escribo. Texto y fotos de mi propiedad.