El pájaro que canta el himno de la mañana
a cualquier triste, desamparado, sana
su dulce melodía apalea las tristezas
dejando en el corazón a la alegría, ilesa
Como dando cuenta de la creación,
se reúnen las variopintas bandadas
a recitar las notas jamás cantadas,
que el terco nunca oyó en canción
Ya sea el risueñor o el cristofué en la campana,
mi alma, silenciada, tiernamente se afana
en degustar desde la rota ventana, promesas
en aguinaldos grasnizados que me obcecan
Al fin salgo al vuelo de la legión
que hace de mis esperanzas machucadas,
una nueva vida de sinfonías aladas
transformándose esto en una pasión