De pronto, sin esperarlo se encontraron, sin pensarlo se miraron y en ese instante, en sus mentes y en sus corazones, comenzó a surgir una historia en común. Un vida imaginaria que ocurrió en minutos...
Ella estaba dentro del tren, él en el anden. Dos desconocidos, dos personas que se encontraban por primera vez, que sin cruzar palabras veían lo mismo en los ojos del otro. Un sueño, quizás. Una ilusión, tal vez. Una vida imaginaria que ocurrió en minutos...
En sus mentes y en sus corazones, se habían encontrado, se habían conocido, se habían amado y habían envejecido tomados de la mano; todo en minutos, todo vivido en una mirada sostenida... Una vida imaginaria que acabó con la marcha del tren...
Sin entender lo que sucedió minutos antes, se veían alejarse, se veían cada vez más distantes y pequeños. Ella en el tren, él en anden. En esa distancia que se hacía cada vez mayor, la vida imaginaria que acababan de vivir y, sin embargo, ninguno de los dos trató de ir hacia el otro, dejaron que el tren continuara su andar, siempre hacia adelante, siempre sin girar atrás...
En sus mentes, mientras se veían cada vez más alejados, resonaba una pregunta "¿Qué o quién recoge los pedazos de una vida imaginaria?", entonces, sus corazones comenzaron a susurrarles "Quizás, el tiempo..." Pero, sabían que siempre quedaría la irracional esperanza de que un día esa vida que soñaron, existiera en la realidad, y que ella no estuviera en el tren, y él no estuviera en el anden...