Recurso
En el mágico silencio de una tarde,
Tu dulce voz me enturbió el sentido,
Tan solo al verte se esfumó mi alarde,
Y de repente recurrí a Cupido.
Feliz el duende travieso y atrevido,
Con precisión disparó la flecha,
Y en breve tiempo transcurrido,
Entre tú y yo se fijó una fecha.
Sugió el amor
Se hizo el milagro,
Brotó una flor
En campo magro.
Mi ángel de la dicha, con su vara,
Trajo a mi vida la suprema suerte,
Aquella tarde de diciembre en ara,
Que Dios bendijo con un lazo fuerte.
Sugió el amor
Se hizo el milagro,
Brotó una flor
En campo magro.
Esta canción la he concebido rememorando el momento en que conocí a mi esposa hace 44 años. En aquel entonces yo me desempeñaba como profesor de Español en un preuniversitario, y ya avanzado el curso (en diciembre), ella se incorporó como profesora de Inglés.
Realmente, al escuchar su voz me sentí cautivado, y al mirarla se completó el encanto; ya saben, inmediatamente tomé el carcaj de Cupido e inicié el disparo de las flechas.
Cabe señalar que en esa etapa de la juventud, nos invade una reminiscencia machista, y alardeamos de que "a mí no me amarra nadie..." Pero como dijo Martí: "amor cuerdo no es amor", mi alarde se esfumó, por lo que el campo magro se hizo fértil con su llegada.
Bendito duende, fue tan certero, que en el mes de mayo contrajimos matrimonio, pues cuando el amor se dispara desbocado, no hay quién le ponga freno.
En la canción he sintetizador esa maravillosa parte de nuestras vidas.
Muchas gracias por haber leído.