El corte de luz ya lleva más de 40 horas, todos los teléfonos descargados, ni siquiera las líneas terrestres funcionan. En la charcutería tienen una planta eléctrica y conectaron un televisor, pero no logra sintonizar nada. No hay canales de cable, ni señal abierta. Silencio total.
En casa cocinamos todos los alimentos del congelador y el pescado lo escabechamos para que aguante unos días. Hemos comprado harina, aceite, caraotas y leche en polvo por ser lo más duradero y que no necesita refrigeración.
Hoy en la charcutería están de ofertas, mitad de precio en jamón y todo lo que precise refrigeración. Quitaron el televisor y la planta eléctrica no está. Por la avenida no pasan carros, ni autobuses.
Han pasado convoyes militares y los demás negocios están cerrados.
En casa de Gregorio, me he quedado tomando café y unos tragos de ron, mientras especulamos que pueda estar sucediendo y de repente ha gritado: "El radio de galena". Y ha salido corriendo.
Al rato ha regresado con un armatoste sobre una tabla y me ha colocado unos audífonos llenos de polvo y telarañas en las orejas.
Para mi sorpresa se escucha un murmullo, Gregorio me pregunta emocionado que escucho y me dice: "Cuando oigas algo me avisas" y desliza lentamente una pieza sobre una bobina de cobre, al tiempo que me explica que es un cristal de galena y capta las ondas de radio sin necesidad de electricidad.
Pasado un rato paramos para tomar otro chute de ron y él se coloca los audífonos y sigue desplazando el cristal sobre la bobina, ahora más despacio. De repente palidece y repite lo que escucha con voz entrecortada; "Gurí destila sangre por las bocas de la represa".
Una pausa prolongada y me pasa uno de los auriculares para que escuchemos los dos al tiempo. Me explica, es un radioaficionado trasmitiendo desde la represa.
Hace tres días colapsó el sistema, cuando tres de las cinco turbinas operativas dejaron de funcionar, y las otras dos se detuvieron automáticamente. Activada la alarma, se inició el protocolo de diagnóstico y reparación, pero la situación supera la capacidad de los ingenieros presentes y a las pocas horas se presentó un general con una brigada armada, que amenazó a todo el personal a punta de pistola. Ante la amenaza real de morir acribillados tomaron una decisión desesperada.
La trasmisión se interrumpe, pero esperamos en silencio y al rato continúa.
Tres ingenieros elegidos por sorteo, bajarán cada uno al interior de cada turbina, acompañados de siete soldados cada uno, armados de palancas y lubricante para los ejes, en un intento de poner nuevamente en marcha las cinco y restablecer el sistema.
Por un instante ha funcionado, menos de un minuto, pero se ha vuelto a parar y un guardia ha llegado gritando, el Gurí destila sangre.
Sospechamos que las hélices comenzaron a funcionar, todas a la vez sin darles tiempo de llegar a los túneles de servicio y a una hora del suceso no ha regresado ninguno de los 24 voluntarios.
El general escupe sapos y culebras, ha soltado tiros al aire y amenazas infinitas, pero la parálisis es total y el grito no deja de sonar, El Gurí destila sangre.
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