En ocasiones, cuando algo llega a su fin o el cierre de ese ciclo se aproxima, nos preguntamos: ¿Y ahora qué? Muchas veces, preferimos no responder esta pregunta y aún cuando sabemos que debemos buscar algo nuevo qué hacer o en qué ocuparnos, lo postergamos y aquí es donde entran los ¿por qué?
Puede ser porque nos acostumbramos tanto a la forma en la que veíamos haciendo las cosas o porque simplemente no queremos terminar de salir de esa zona, llamada confort. Donde ya nos sentíamos seguros, donde ya no teníamos miedo de demostrar de lo que estabamos hechos, donde nos sentiamos tal vez cómodos o con cierto poder, sea propietario o moral. Sin embargo creo que lo que más nos impide terminar de salir de allí es el miedo o la inseguridad. Más que cualquier apego o comodidad.
Pero, ¿qué sentimos realmente?
El miedo: Es una respuesta de supervivencia. Aparece de forma repentina frente a algo específico (por ejemplo, hablar en público o estar en una situación de riesgo) y te impulsa a huir o defenderte.
La inseguridad: Es un estado de ánimo persistente. Se manifiesta como una duda constante sobre tu valía o el temor anticipado a fracasar, lo que te puede frenar incluso antes de intentar algo.
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Sabiendo lo anterior, lo que en realidad sentimos es inseguridad. Y parece loco sentirse así cuando todos te dicen que eres capaz, cuando tú mismo sabes que cuentas con las habilidades necesarias para seguir desde otros espacios. Sin embargo, no es una locura del todo. Es normal sentirse inseguro ante lo desconocido, tener temor ante futuros fracasos, tener dudas y cuestionamientos. Lo que está mal, es quedarse allí y no arriesgarse.
Hay una frase que dice: "Sin miedo al éxito", creo que debería reformarse por: "Con miedos, pero al éxito".
Y la verdad es que sí, es normal sentir inseguridad y eso no significa que tengamos falta de autoestima, valor propio o que no seamos lo suficientemente capaces. Significa que somos humanos, que le tenemos a lo nuevo porque no estamos dispuestos a fracasar.
Esta publicación es para mí, estoy tomando nuevos rumbos, y sí siento inseguridad, no sé que vendrá, pero voy a confiar en que podré lograrlo y si no lo logro, al menos tendré la satisfacción de haberlo intentado y aprender de ello.