Hay algo peor que una respuesta negativa: es el silencio. Cuando le pedís a Dios algo y no pasa nada. Cuando orás y sentís que tus palabras se pierden en el techo.
He estado ahí. Muchas veces. Y sé lo que se siente: soledad, confusión, a veces hasta enojo. ¿Por qué Dios no responde? ¿Por qué no hace algo?
Pero aprendí algo con los años: el silencio de Dios no es su ausencia. A veces Él calla porque está trabajando en algo que no podemos ver. A veces calla porque la respuesta que tenemos no es la que Él quiere darnos. Y a veces calla porque simplemente nos está dejando crecer.
«Espere tranquilamente en el Señor y espere con paciencia.»
Salmo 37:7
Lo más difícil de la fe es esperar sin ver. Creer sin pruebas. Confiar sin entender. Pero eso es exactamente lo que nos hace crecer.
Si hoy sentís que Dios está callado, no te rindas. Su silencio no es rechazo — es preparación. Algo está cocinándose en lo invisible, y cuando esté listo, vas a entender por qué tuviste que esperar.
Mientras tanto, seguí hablándole. Seguí orando. Seguí confiando. Dios escucha, aunque no conteste cuando vos querés.
Pastor Encina — reflexiones desde el camino