Lucía llegó a casa un poco desesperanzada. En sus manos su primera obra, un poemario al que le había dedicado más de un año. Al salir de casa estaba entusiasmada. El brillo de sus ojos resplandecía a tal punto que los hombres se detenían a observarla. Sí, Lucía sentía que el mundo podía ser suyo.
Pero de un momento a otro todo había cambiado. Su rostro perdió el brillo. Puso su manuscrito encima de la mesa y se fue a su cuarto. Su hermana la escuchó llegar, y después de arreglarse bajó a ver cómo le había ido, pero lo único que encontró fue el libro de hojas sueltas encima de la mesa.
Al abrir el sobre encontró una nota que decía: «La literatura no es asunto de mujeres y no debería serlo nunca». Carmen no podía creer que alguien hubiera escrito eso. Fue con la hoja al cuarto de su hermana.
— Lucía, ¿qué pasó? ¿Qué te dijeron?
— Nada. Que van a revisarlo y luego me dan respuesta —Su voz sonaba triste y entrecortada.
— No, hermana. No te van a regresar nada porque acabo de ver el manuscrito encima de la mesa —Carmen le mostró la nota y Lucía dejó que las lágrimas corrieran por sus mejillas.
Lucía se lamentaba de la situación, y más aún porque llegó a pensar que su talento sería tomado en cuenta. Hablaron de lo difícil que era para ellas vivir en esas circunstancias, no poder ser dueñas de su propio dinero, ni mucho menos participar en diferentes aspectos de la vida pública, ni siquiera en los círculos literarios; y es que, después de la muerte de sus padres, las dos hermanas tuvieron que valerse por sí mismas y luchar en una sociedad que todavía no aceptaba que las mujeres tenían las mismas capacidades que los hombres.
Carmen la escuchaba, mientras sostenía su rostro y le secaba las lágrimas. Entonces se detuvo e interrumpió a su hermana.
— ¿Y si escribimos un libro de poemas entre las dos y lo mandamos a la editorial, pero con un nombre masculino? —A Lucía la idea le pareció descabellada, pero a medida que escuchaba a su hermana, se fue convenciendo de que podía funcionar.
— Pero, ¿y si no nos publican? O peor, ¿y si nos descubren? Seremos el escarnio público de toda la sociedad, nos van a mirar mal y nos expulsarán de todos lados.
—Tranquila, hermana. No te preocupes que eso no va a pasar. Podemos crear un Pseudónimo masculino y firmar con él. Verás cómo nos tomarán en cuenta —Carmen sonrió y le dio un beso en la frente a su hermana.
Así fue como las dos hermanas iniciaron su proyecto, y con el tiempo, enviaron el manuscrito a la editorial que había rechazado la obra de Lucía. Pasaron varias semanas hasta que obtuvieron respuesta. El libro se publicaría. En la nota se destacaba la fuerza de los versos y la potencia de las imágenes, capaces de transportar al lector al mundo y las emociones que plasman los poemas. Más abajo agradecían al escritor por escogerlos como sus representantes.
Debido al éxito, Lucía decidió hacer lo mismo con su manuscrito. Después de revisarlo y hacerle las correcciones pertinentes, envió su libro con un título y un nombre masculino: Fitzwilliam Darcy.
Al igual que el poemario escrito con su hermana, el libro del señor Darcy también fue un éxito. Lamentablemente, Lucía enfermó de pronto y no se repuso de su penosa enfermedad, y murió a los 30 años de edad. Mientras tanto, el público quería conocer al hombre que había escrito tan fantástica obra que dividía a la crítica.
No fue, sino hasta unos años más tarde, que Carmen reveló la verdadera identidad de la escritora del famoso libro. Fue entonces cuando los editores decidieron rendirle homenaje a la mujer que había trascendido las barreras sociales con una obra que los golpeaba a ellos.
Esta es mi entrada al Concurso de historias en honor a la escritora Emily Brontë organizado por la comunidad de @es-literatos. Como pudieron notar, me basé directamente de parte de la biografía de Emily Brönte, e incluí a un personaje conocido por muchos de una famosa obra de Jane Austen. Espero que haya sido de su agrado.
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By @ylich
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