Con este tema que abordo hoy, no pretendo hacer algún tipo de descubrimiento, ni de aporte lingüístico, ni nada, ni tampoco ejercer la burla o querer degradar a nadie, solo pasar un tiempito conversando y recordando. Los nombres y apodos de las personas. Siempre han tenido para mí como algo enigmático; por qué este y no otro, ¿de dónde viene, que significa?, y una serie de interrogantes que en definitivas no he evacuado totalmente.
En el barrio en que nací. Por ejemplo, según crecía, fui oyendo los nombres de las personas que me rodeaban, bueno, no tanto que me rodeaban, más bien con esas y con las que interactuaba, e incluso desconocidos que también se mencionaban... Según fui tomando conciencia me iba dando cuenta que los antepasados. Y los familiares más recientes inscriban a los niños con cada hombrecito que se las traía.
Pero una cosa era con que nombre lo inscriban, y otra como los llamaban en el barrio. O sea, el apodo con que nada más asomar la nariz a este mundo ya te pegaban, con un pegamento tan especial que jamás se te desprendía de tu vida.
Alipio, Justiniano (que luego se achicó como Justino), Pancracio, Salustiano, Demetrio, y Severino, entre otros muchos, eran nombres comunes y muy naturales. Pero también clara, Virgen, etc. , y digo estos dos últimos nombres porque casi siempre representan los opuestos. Por ejemplo: Clara o clarita era la mujer de la piel más oscura en el barrio, y Virgen, increíblemente aún con ocho hijos, se fue para la tumba nombrada así, sin perder por el nombre la virginidad.
Pero es conocido que los nombres evolucionan según la época y unas cuantas condiciones más que no nombraré aquí, pues ustedes lo saben. Pero lo que sí no dejo pasar es lo de los motes, apodos o nombretes, que son sobrenombres populando sobre el nombre principal en el Registro civil, pero los dominantes en la realidad…
El asunto es que muy pocos escapan a esa manía de las personas de bautizar por su cuenta a los demás, tomando como pretexto cualquier detalle personal, sea físico, de comportamiento, o asociado a la geografía, la historia, los oficios o cualquier otra circunstancia en la que el bautizado es casi siempre una víctima desde pequeño del choteo social y familiar, aunque a cualquier edad se puede adquirir gratis uno de los apodos.
En mi barrio difícil que alguien no portará su apodo, y los había muy interesantes, pero para no ser injusto comenzaré por mi propia familia que entre padre e hijos fuimos en un momento doce, pues cuenten ya con " los doce… Apodos". El de mi padre no lo menciono por respeto, pues siempre se ofendió, menos por el apodo que por qué citaba a un animal que al que le tenía terror y no podía verlo ni en la televisión hasta ahí se erizaba. Mi mamá fue otra que partió a los noventa y dos años sin dejar de ser "la niña, de Quirino", y además mi padre nunca pudo mostrar el certificado de propiedad donde decía que ella era de él.
Ahora empieza la fiesta de los apodos. A mi hermano mayor le decían "pajarilla," por su preferencia, por una parte, del pollo por la que había que ganarle batalla campal a la hora de la comida, así también por ese motivo otro quedó bautizado como "molleja", yo no quiero muslo _ decía _ yo quiero molleja, a otro lo señalaron como el "gago", porque cogía unas trabadas a la hora de hablar que ni para tras ni para adelante. ¡Recuerdo una vez que el "Mayumba," dentro de un potrero, estaba a punto de ser embestido por una vaca y él queriendo alertarlo le gritaba desesperado: jequete msyumbita, jequete la fieraaa!!
Algunos apodos no tienen asociación clara y así uno se nombra" Mayumba", otro " Fanfa," a Librada le pusieron "Llilla"y a Marta Beatriz, le pusieron Eva y también "la Visca". Al menor le decían en el barrio " el Ñato", y al mayor que yo "el runguio". Yo digo que conmigo a pesar de todo fueron benévolos. Pues por chiquito, feo. Y medio entretenido… (siempre observando, leyendo o tranquilo en un rincón). Podían haberse dado gusto conmigo. Pero solo me pusieron el incomprensible apodo de "Chefo". Pero con tan buena suerte que en ese tiempo en la radio sonaba una guaracha que decía: Chefo, Chefo, déjala pasar, déjala pasar, parapero, parapero…
Y yo, allá va el berreón con todo el que me lo cantaba, después de Chefo fue pasando a Chefito e incluso alguien más afectivo a " Fito", pero al desintegrarse el barrio el nombrete solo quedó reservado para los de esa generación dispersa. Por eso cuando alguien en algún lugar me llama por " Chefo" automáticamente digo: ese es del llegar y pon, el barrio en que nací. Peor la pasaba," miñiñin guevo blanco" por su devoción por ese producto, o "papito chorrito", que siempre se la pasaba descompuesto del estómago porque acostumbraba a andar masticando yerbas.
Nombrete también raro el de un panadero de los de antes al que todo el mundo le decía," merenguele". También estaban los nombretes colectivos que definían a familias enteras, también por diferentes razones. De esa manera unos pertenecían a " los pejes,"por el padre pescador y la cantidad de pescado que consumían,"los Yankys", ahí tienen que imaginar, por otro lado, los Isleños, a nosotros nos decían los Quirinos, y así sucesivamente.
Y además muy difícil que llegaran al barrio buscando a alguien y que pudiera encontrarlo por su nombre propio. A Doroteo, si no preguntabas por" guiñapo", no lo ibas a encontrar nunca. A un hijo de este por tener la cara mofetuda le pusieron culo de goma, aunque nunca entendí la razón de vincular un lugar con el otro. Y a una muchacha la bautizaron como " nalga triste", ¡sí que la tenían cogida con las partes bajas de la espalda!,
Esto de los apodos, sobrenombres o nombretes aunque parece gracioso, tienes muchas cuestiones en sí, por las consecuencias que detonan, pues algunos son afectivos, otros despectivos y otros acusadores o incisivos y hasta despiadados, porque violan la integridad personal y casi siempre como caricatura de la realidad magnífica los defectos de las personas. De todas formas hay quien se acomoda al nombrete, otros lo soportan y menos los ignoran.
Pero lo increíble es que existe y es casi inevitable que deje de existir, porque además de que hay especialistas en tal cuestión, a veces aparecen espontáneamente y hará por necesidad de diferenciar a unas personas de otra por algún detalle un oficio, una habilidad, etc. Pero los nombretes son también parte de nuestra identidad definida entre otra cosa, por el choteo, la gracia, el pujo y otras cosas más, o sea por ser cubanos…
Las imágenes utilizadas en el post son de mi propiedad, tomadas con mi móvil Xiaomi Redmi 9A. Textos llevados al Inglés por Deepl Traslate.