La llave en mano ajena

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Una vez más estoy agradeciendo al profesor emiliorios@emiliorios por "convidarme", y esa palabra no la uso de gratis, por el sentido que en ella se articula a crear alrededor de un tema. Del que más allá de servir para hacer buena literatura, o demostrar bagaje teórico, lo que más se necesitan son aportes para soluciones. A partir de las experiencias individuales y colectivas de los que habitamos estás comunidades de Hive y más allá de sus fronteras.

Yo de primera le acepté el convite a Emilio, pero antes he leído sus excelentes post y el de otros (a) que han apoyado la iniciativa. Así he podido evitar el divareo en cuanto a las aristas sutiles del tema de la salud mental, sus causas y efectos en los individuos y en la sociedad…

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En mi entorno he sido testigo de múltiples formas de manifestarse tales problemas, siempre asociados a una mente atrofiada por diferentes cuestiones. Casi siempre consideradas clínicas y muy pocas como resultado de las relaciones sociales. Comenzando por la célula más pequeña que es la familia, que es dónde se comienza a recepcionar como individuo sin una mente consciente.

La inducción direccional o indireccional de patrones de conductas y de programaciones que apoyados en el extraordinario poder visible y oculto de la palabra, van construyendo el cuadro futuro del sujeto. Así de sencillo, a un niño hiperactivo, inteligente e inquieto se comienza a estigmatizar como "el loquito de la familia".

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Y ese apelativo se desborda al ámbito social y se va generalizando aquello que sin un interés malsano un día se utilizó incluso de forma afectiva. Así funciona también con el más pasivo y termina en el mismo resultado. Después, en el ámbito callejero, estos entes comienzan a cumplir su rol por ese compromiso contraído con el estigma y la programación, donde de no hacerlo sienten que pierden su identidad y el "prestigio social ", que en su incapacidad van adquiriendo. Entonces es doloroso ver el abuso social a qué son sometidos cuando para ser en ocasiones recompensados por lo que hacen, son denigrados y reducidos a niveles muchas veces por debajo de lo humano.

Yo tengo la experiencia de haber tratado y relacionarme directamente con algunos casos, donde me he percatado de que la conducta no está realmente asociada a desequilibrios mentales. Por lo menos de los más graves (cuestión clínica en la que no estoy autorizado a ahondar) y si de que han sido primero desprotegidos por la familia, que carecen de esta, o que son manipulados por esa sagrada comunidad. Aunque ya le hago referencia, después sondearé, por la causa real de su demencia, el de una persona al que para regalarle un peso en plena calle, primero le hacían correr y hacer planchas y cuclillas y todo tipo de ejercicios hasta el cansancio.

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Abordaré solo el caso de Juan, un joven asiduo a las bodegas(tiendas o mercados) muy utilizado para resolver rápido algunas gestiones dentro de los tumultos de persona, amparado por su aparente limitación, y que para llamarlo le nombran "el loco". Es fuerte y laborioso y presto a servir, pero lo más incómodo de Juan no era eso, sino, los terribles Orutos que salían de su pecho y garganta. Este grosero sonido se podía oír a muchos metros de distancia y "el loco" los producía lo mismo en la cola de la panadería, en el Cupet, que en plena calle.

Él disfrutaba del hecho, porque nadie podía en este pueblo Orutar más alto que él. Era el campeón absoluto del Oruto, pero como yo sé que todos los campeones tienen asistente o manager, me percate del nivel de inducción social que había detrás de esta víctima, de su desventaja mental. No intente accionar contra el medio que lo rodeaba y lo estimulaba a su conducta, y lo que hice fue atraerlo hacia el mundo del arte en su propio medio, la calle…

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Por esos días yo estaba realizando actividades de intervención pública en las que a través del arte (la pintura, el Performance, Arte cuerpo) interactuaba con mi obra con el público en los espacios públicos y allí lo mezcle creándole espacios de participación junto a mí; es decir, no lo utilice para mis fines y en ese nuevo escenario de compromiso fue reduciendo aquella acción indeseable y antisocial. Yo solo le establecí la regla de que cuando estuviéramos trabajando en conjunto eso no podía pasar porque afectaba no solo a mí, sino a la cultura en general y que ya él era parte de esa cultura.

Después, como el estímulo social aún persistía, Juan esporádicamente repetía la acción, pero con menos frecuencia y con solo notar mi presencia manifestaba arrepentimiento y de él brotaba el compromiso de que no se repetiría. A pesar de que las actividades no tuvieron continuidad. "El loco" Juan eliminó los grotescos Orutos callejeros que lo definían socialmente estimulado por la manipulación indolente de su capacidad mental limitada, sin tener en cuenta que personas como él no han elegido totalmente ser quienes son.

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No estoy diciendo que esta persona haya
Sanado totalmente de su afectación psíquica, o neuro psíquica, o de lo que se trate, pero sí demostró que parte del comportamiento anormal de estos seres es una responsabilidad social, incluyendo la familiar. Se sabe que la cuestión de la mente es tan complicada como la propia mente, que también interviene lo hereditario. Las cuestiones prenatales, el estrés, la depresión, frustraciones emocionales, la saturación intelectual, etc., pero nada de eso justifica hacer leña del árbol caído.

Utilizar la desventaja de estos seres en beneficio propio, estimularlos en su conducta o convertirlos diariamente en actores del Circo social, debe por lo menos no ser aplaudido, que es una forma de no ser cómplice. Ya vendremos con otras experiencias, por hoy les espero aquí abajo donde de seguro dejarán sus opiniones. Gracias emiliorios@emiliorios, Gracias holos@holos&Lotus. Nos vemos.

Las imágenes utilizadas en el post son de mi propiedad, tomadas con mi móvil Xiaomi Redmi 9A. Textos llevados al Inglés por Deepl Traslate.

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