El contrato de fusión entre nuestras dos firmas está listo sobre la mesa de cristal. Solo falta mi firma como CEO y la de Julián, el presidente de la firma rival. Llevamos seis meses negociando este acuerdo, seis meses de estiras y aflojas, de miradas desafiantes en salas de conferencias y de cenar solos en el mismo restaurante después de jornadas extenuantes, fingiendo que encontrarnos allí era una coincidencia.
Firmo la última página con mi estilográfica dorada. El trazo es firme. Le paso el documento a Julián. En lugar de tomar el bolígrafo, Julián apoya los codos sobre la mesa y me mira fijamente. Tiene los ojos cansados, la corbata floja y la barbilla marcada por una sombra de barba de dos días. A pesar del cansancio, se ve desarmantemente atractivo.
—Falta una cláusula, Valeria —dice con una voz baja, rasposa.
—Revisamos el contrato veinte veces con los abogados, Julián. Está todo cubierto —respondo, cruzando los brazos sobre el pecho para ocultar cómo me tiemblan las manos.
—No la cláusula corporativa. La nuestra.
Se levanta de su silla, bordea la mesa de conferencias con pasos lentos y se detiene justo al lado de mi sillón. El corazón me da un vuelco contra las costillas. La presencia de este hombre siempre ha llenado las habitaciones, pero ahora, a solas en el piso más alto de la ciudad a las diez de la noche, su cercanía es abrumadora.
Se inclina hacia mí. Apoya una mano en el respaldo de mi silla y con la otra toma mi mentón, levantando mi rostro con una suavidad que contrasta por completo con la ferocidad con la que defiende sus acciones en la bolsa.
—Llevo seis meses intentando no pensar en cómo se sentiría besarte cada vez que me llevas la contraria en una junta —confiesa, con la respiración entrecortada a milímetros de mis labios—. Ya firmamos la fusión. La empresa es una sola. Ahora dime que tú no sientes lo mismo.
Cierro los ojos un segundo, dejando ir la necesidad obsesiva de tener el control de todo. Cuando los abro, lo miro directamente a los ojos, tomo la solapa de su saco y lo atraigo hacia mí, acortando la distancia para sellar el único acuerdo que realmente me importa esta noche.