No es desconocido para nadie el tema de la emigración masiva que ha habido en Venezuela en los últimos años. Yo era una de las que quería mantenerse en su país y trabajar con lo que se pudiera, esperanzada de que pronto todo cambiaría y volveríamos a la felicidad que teníamos antes y no lo sabíamos.
Soy médico con casi 4 años de graduada y mi sueldo apenas alcanzaba para ayudar en mi casa con la comida y ahorrar para comer un helado de vez en cuando con mis amigas era un lujo. En Enero del presente año decidí que ya era necesario salir del país :( Mi papá saldría en unos meses a Lima, Perú a probar suerte y pues me lancé a esa aventura.
Después de entrar en crisis cientos de veces, de llorar porque aun no tenía fecha de viaje y no sabía que hacer con mi vida, de llorar cuando al fin tuve fecha definitiva, de llorar por todos a quienes dejaba en mi país, finalmente llegó el día...
El 07 de Mayo del 2018 tomé mi vuelo hacia Lima, Perú. Este viaje fue un tanto teatral y les cuento: mi prima, quien es como mi hermanita, iría a pasar unos meses en Estados Unidos con unos amigos. Afortunadamente, conseguimos un vuelo que nos llevaría juntas hasta Panamá (escala) y allí cada una iría hacia su propio rumbo, ella a N.Y. y yo a Lima. Fue un momento que nunca olvidaré y pues espero que pronto nos veamos de nuevo.
Ese mismo día a las 7:30 pm hora de Lima, aterrizamos en el país que sería mi nuevo hogar, temporal o definitivo, aún no lo sé.
Ya han pasado casi 3 meses desde que llegué y no ha sido nada fácil. Llegué donde estaba viviendo mi papá con su prima y su amiga. Un lugar que mi país seguro catalogaría como "otro Petare" jaja pero en fin, tenía un techo.
Conseguí trabajo a los 03 días como asistente médico y me parecía maravilloso el cargo y el salario. Hasta que todo fue descubriéndose como era, un horario bastante fuerte y agotador, sin descanso, unas funciones sin relación con el área y un jefe que primero: no se le entendía nada con su acento y segundo: era un Hitler y no se podía hablar en su presencia.
1) Vendedora ambulante, sonde nos engañaron cínicamente con el salario.
Adicionalmente, me he mudado 3 veces desde que llegué. La primera vez me mude con mi papá ya que sus amigas eran un par de locas que llegaban ebrias a formar escándalos a la habitación que compartíamos. Luego me mudé con una familia peruana que, muy generosamente, me abrieron las puertas de su hogar de manera gratuita y solo debía acompañar a sus hijos pequeños en las noches mientras los padres trabajaban. Sin embargo, la libertad y la privacidad valen oro, así que decidí mudarme sola a una habitación con lo que había podido ahorrar.
Mi papá por su parte, se encuentra en su camino de regreso a Venezuela en estos momentos. Como todos se preguntarán "¿Qué le pasó? ¿Está loco? ¿No le gustó Perú?" y bueno la respuesta es que mi papá es un nómada y le gusta probar suerte aquí y allá, no tuvo la mejores de las suertes aquí así que ahora probará en otro país.
Emigrar es una decisión difícil desde que lo empiezas a pensar. Es un constante aprendizaje y una gran cadena de altibajos. Aprendes cosas nuevas y valoras enormemente lo que ya tenías y dejaste. Extrañar a cada segundo a tu familia, tu pareja y tu mascota es algo de lo cual no se salva ningún emigrante.
Conozco gente a la que le va excelente a la primera, gente a la que no le va nada bien por un tiempo y otros como yo, que tienen sus altibajos. Pero lo importante es nunca decaer, si te desanimas, solo debes levantarte de nuevo y siempre tener una meta y un objetivo en mente, porque a eso vinimos, a mejorar nuestro futuro nuestra calidad de vida y ayudar a nuestros seres queridos en nuestro país.
A todo aquel que esté en Venezuela, pensando en emigrar: llegar de cero no es fácil, pero poco a poco se van viendo los frutos, todo es cuestión de actitud y visión.